Oso de anteojos no es miope

Oso de anteojos no es miope

No cabe duda de que el mismo Chucho se preguntará si vale la pena ser una persona en este país.

23 de agosto 2019 , 07:23 p.m.

Ya pronto nadie va a poder hacerse el de las gafas con el oso de anteojos. Así es, la Corte Constitucional dedica algunos de sus días a discutir si Chucho, un oso de esta especie tan colombiana y tan berracamente maltratada, puede ser considerado para efecto de derechos como una persona. No es mamadera de gallo, el animal en cuestión es otro: un oso.

¿Un oso-persona? Sí. La discusión acá no es si el oso (y representado en él, el mundo de los animales) es un ser humano; sino la circunstancia de que pueda considerarse o no sujeto de derechos, como pasa, por ejemplo, con las personas jurídicas (empresas).

No cabe duda de que el mismo Chucho (mientras limpia sus anteojos) se preguntará si vale la pena ser una persona en este país, si acaso es razonable dedicar los cráneos de magistrados de la más alta corte a semejante reflexión en este territorio en llamas en el que todo sucede y todo se viola; aquí, donde un tipo energúmeno le pasa a otro un carro por encima y de inmediato algún juez sin rubor lo deja libre porque, como no espichó al atropellado cual aguacate, no le arrancó un pulmón o lo dejó lisiado para la eternidad, no puede decirse que haya existido intención de matarlo, ni siquiera casi la de causarle lesiones.

Volviendo a Chucho, ya hace rato los animales no pueden verse, y se supone que tampoco tratarse, como una cosa; mejor dicho, como una lámpara que uno bota por la ventana cuando le da rabia

Mala suerte la del agredido. Teniendo un montón de derechos, le toca guardarlos en el bolsillo y tirarlos en cuanto pueda a alguna alcantarilla. Jack London escribió: “¿Qué podían hacer los esclavos?”. Con derechos garantizados por la ley, no tenían acceso a la ley.

Volviendo a Chucho, ya hace rato los animales no pueden verse, y se supone que tampoco tratarse, como una cosa; mejor dicho, como una lámpara que uno bota por la ventana cuando le da rabia. Ahora se estudia si logran exigir eso llamado derechos.

Estas situaciones casi asombrosas (por profundamente avanzadas) obligan a indagar si vapuleándose, a veces, a los humanos peor que a lámparas, si en un país donde abundan derechos escritos que se menosprecian con impunidad, merecen los animales tal atención.

Me parece que sí. Que haya excrementos en el bosque no impide hablar de sus flores. Así que no parece que estén haciendo el oso o perdiendo tiempo los magistrados ni el abogado que tiene como cliente a Chucho. Bello debate este de ponerse en sus anteojos.

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