¡Mono desnudo!

¡Mono desnudo!

Arrinconarnos en casa y sellar las puertas debilita el debate ciudadano, la sociedad pierde relato.

05 de junio 2020 , 09:25 p.m.

En algún tiempo fuimos libres e iguales, y en todo caso parece que no nos dañamos por azar, sino por la propiedad privada; y precisamente para poder comprar a crédito más propiedad privada que muchas veces no necesitamos (llevándole la contraria a Diógenes) y para producir así más y más basura que apiña canecas en los edificios de departamentos, nos matamos a dentelladas y tenemos que habitar entre, por y para otros eso que se llama sociedad, ciudadanía, polis, ‘zoociedad’, mezclados y en teoría –eso sí muy en teoría– iguales y libres.

Ahora un virus, del que no se descarta que haya sido generado dentro de la maratón de poderosos para dominar la economía y, desde luego, la política, mejor dicho, nuestra esclavitud de comprar vuelta adjetivo (‘consumir consumo’, decía la Comuna Antinacionalista Zamorana), les ha dado ocasión a los Estados y a sus gobiernos, todos de ocasión, para confinar a los seres humanos en casa; restringir ese atributo milenario de la vida en clan y condicionar las libertades civiles y derechos que los cráneos de la democracia empezaron a meternos en la sangre hace un par de siglos, esa maravilla de darnos palmadas o lamidas, amarnos u odiarnos unos a otros, pero revueltos.

La medida no se discute como eficiente en la coyuntura para evitar contagios y muertes, pero tiene límite. Primero fueron los viejos, puestos en condición de Homo sacer (seres sometidos a desnudez, sin derechos humanos, entregados por la sociedad como ofrenda a alguna deidad). Luego, los niños; luego, todos; más adelante, una parte por sexos o por cédulas; tal vez luego, el color de ojos (como la advertencia de Brecht, tantas veces repetida).

Se afirma que durante este encierro los gobiernos han tenido tiempo de preparar respuestas hospitalarias o alimentarias frente a esta o una calamidad mayor. Pero el riesgo es enorme para la salud, y más para la democracia, si comprobásemos que poco se hubiera avanzado y si el confinamiento se prolongara gota a gota, como el comodín en las medidas gubernamentales. Es el mundo, no solo Colombia.

Arrinconar a la gente en casa y sellar sus puertas debilita el debate ciudadano, la sociedad pierde relato, todos bajamos la guardia y nos convertimos más y más en pagadores de impuestos sin voz. Una verdadera embriaguez para regímenes antidemocráticos y corruptos. Se aguanta, pero no por siempre.

Gonzalo Castellanos V.

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