¡La rentabilidad de destruir!

¡La rentabilidad de destruir!

Conquistadores españoles entendieron que destruir era eficaz estrategia de dominación.

12 de octubre 2018 , 11:17 p.m.

Desde su llegada (por equivocación) a estas tierras, entendieron los conquistadores españoles que destruir las figuras sagradas precolombinas reemplazándolas por imágenes católicas, prohibir el uso de lenguas y ritos vernáculos y, cómo no, castigar cualquier signo de expresión cultural nativa era eficaz estrategia de dominación. Claro, también se utilizó el recurso más firme de eliminar millones de personas por motivos religiosos, culturales y económicos (cosa que de suceder hoy, se tipificaría como genocidio).

Sería tonto atribuir no más que horror a ese momento. Cosas maravillosas traemos en el alma desde aquel encuentro sincrético de la historia, y las celebramos cada vez que amanece. Pero, volviendo atrás, veríamos que luego de destruir, por profanas, millares de obras prehispánicas, entendieron los españoles que aquellas tenían buen precio. Así, las vendieron en mercados europeos o nacionales y olfatearon para desentrañar las capas terrestres y las aguas en búsqueda de las que habían sido enterradas ritualmente o como manera de esconderlas de la usurpación. La guaquería se hizo rentable negocio y la arqueología, ciencia.

Quién diría: entrado este siglo, todavía existían elegantes almacenes de precolombinos en Bogotá. Algunos apellidos se enriquecieron comerciándolos y coronaron cimas de arribismo. Hacia el año 2002, con asidero constitucional, el Instituto de Antropología e Historia y el Ministerio de Cultura promovieron un régimen sólido. Lo que quedaba (mucho) merecía conservarse, por lo que las piezas y áreas de potencial arqueológico (todo el territorio en realidad) entraron en una tenaz regulación que busca salvaguardarlas de la destrucción, venta o expolio. Colombia pasó a ser referencia internacional de protección.

Con frecuencia, alguien busca catapultarnos al pasado. Empezando este año, la Ley 1882 puso en nebulosa el manejo arqueológico en grandes proyectos de infraestructura, y de tiempo atrás se mueven fichas para cambiar normas que lo amparan. El Gobierno enfrenta un acertijo que puede resolver inteligentemente: mejorar los trámites para que los empresarios de la construcción y megaproyectos puedan avanzar sin trabas burocráticas, pero sin debilitar una coma de la prioridad del patrimonio cultural sobreviviente. Su bandera (que da esperanza) exalta la cultura como el mejor ADN del país.

GONZALO CASTELLANOS V.

Columnistas

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