Honorable Juanito Alimaña

Honorable Juanito Alimaña

Los congresistas rompehuesos son feos. Así se ven por esa manía de pontificar con iracundia.

10 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Como pocos, el del político es un oficio que arrastra la fatalidad del desprestigio. En eso va envejeciendo el Congreso de Colombia, dedicado a ofrecer en cuestiones de interés nacional un espectáculo de púgiles, muy parecido, se recuerda, a la vendida como la pelea más cara de la historia (un fiasco), entre el antideportivo Mayweather y Pacquiao.

Desde el alma de la paz o la guerra hasta los pingajos de las reformas políticas se dan aquí, en nuestro Parlamento, como moneda de intercambio entre personajes que de espalda al país, a su terruño de origen o a la investidura del cargo, exhiben un mórbido ego mientras siembran minas de destrucción.

¡¡Paraco, narco, guerrillero, sicario, sicario, sicario!!, con ese diccionario aterrador se dirigen unos a otros, generalmente incapaces de demostrar cuánto injurian.

Nuestros legisladores May- weathers (ahí están, ellos saben quiénes son, no son todos, son pocos aunque tóxicos) chupan de las redes sociales como alimento existencial y no edifican nada. No se extraña que asistiendo a esa arena de querellas avivemos decepción, por lo que generalmente queremos que nos devuelva la boleta; aquella boleta que se materializa en los guardaespaldas, el sueldo, la pensión millonaria, las oficinas o los viáticos, que igual pagan el lanchero en Timbiquí y una multitud de contribuyentes de precario ingreso, o el empresario a quien también le fastidia el espectáculo, pero alienta la posibilidad de mantenerse con vida en el mercado.

Los congresistas rompehuesos además son feos. Ellos y ellas así se ven, no digamos por alguna característica nimia de estética, sino por esa manía de pontificar con iracundia, de alzar las cejas e hincharse queriendo morder la oreja del adversario.

¡¡Paraco, narco, guerrillero, sicario, sicario, sicario!!, con ese diccionario aterrador se dirigen unos a otros, generalmente incapaces de demostrar cuánto injurian. Parlamento viene de hablar, no de arañar. Los pocos pero tóxicos de los que hablamos gustan de desnudar navajas y nos recuerdan la canción: Juanito alimaña es malicia viva; si lo meten preso, sale al otro día, porque un primo suyo...

Iniciativas de urgente reparación del país siguen en su gaveta. Inevitable es que, sintiéndose estafado en la leonera, el público destroce el lugar, se rompa el alma y termine por devorar a los desleales gladiadores del espectáculo. Los otros parlamentarios, que no son como ustedes, trabajan con perfil más bajo y logran cosas sustanciales que, sin duda, mucho apreciamos.

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