¡Cuando uno desaparece!

¡Cuando uno desaparece!

Ya no pasa un solo día sin que alguno diga que está ‘mamado’ y anhela escapar.

19 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Ya no pasa un solo día sin que alguno diga que está ‘mamado’ y anhela escapar, alguno de los que antes invitaban a cambiar el mundo, alguno de los que ideaban abrirle un agujero al establecimiento, al orden, al statu quo lleno de estatuas, bien que fuera desde la fuerza o el arte.

No quieren leer diarios o revistas, dicen; no ven ni oyen noticieros que disparan propagandas; no desean enterarse más de política, de chismes de políticos, de sus maldiciones o bendiciones envenenadas; no creen ya en la izquierda, y en la derecha, nunca. Da igual cuando habla el Presidente, el alcalde o el Fiscal; es que no tragan cuento de ‘visiones programáticas’ de funcionarios con sus puntos finales, sus estrategias 2030, la reforma de la reforma.

Qué decir: no dan cabida a predicciones de bienestar, están hasta las bolas, dicen, de ser invitados a un mundo nuevo, virtual, tecnológico, equitativo, dinámico, igualitario, cuando ese mundo que pisan simplemente anda mal vestido, desconectado, con ropas pequeñas, el mismo “lugar usado y pobre”, desigual, hastiado de gobiernos corrompidos en promesas rotas, es lo que dicen.

Cuando vas quedándote con un pedazo de la mitad, eso es lo que pasa. Te deshaces. Cuando te prometen desarrollo sostenible y te cargan más impuestos que al instante se esfuman en las manos de alguien, es lo que pasa. Cuando te proponen seguridad y los ves matando o aceptando muertes, es lo que pasa, ya no das más crédito, ni una gota más. Pagas caro, pagas la vivienda, el agua, la educación de los hijos formados por predicadores con sotana, pagas caro caminar, ir en bicicleta, pagas a veces con la vida porque la pobreza y sus razones dan para todo.

Así es cuando la apatía invade. Uno renuncia a participar, a oponer, a exigir. Dejas de elegir, no crees en las cuentas que te rinden, ni te fijas en quién mete la mano a tu bolsillo; ya no inquietan la muerte ajena ni el desvanecimiento propio, solo repetir sin fin que el país está mal, también los políticos, los dueños y los no dueños.

Y de esa forma, claudicando uno apático ante lo que huele mal, otro toma el voto y la voluntad de uno, y lo gobierna; y al hacerlo por seguro lo hace mal, de izquierda a derecha. De verdad que no es momento de solo mirarse al espejo hasta borrarse.

Gonzalo Castellanos V.

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