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¡Santa, pero Santa Fe!

¡Santa, pero Santa Fe!

Me traga la rabia por la derrota. Pero cuando empiece otro campeonato volveré a imaginar que ganará.

Fue un amigo de la familia quien me metió, por ahí desde mis siete años, en la sin salida de ser seguidor, admirador, mejor digamos ¡adicto al Santa Fe!

He intentado de todo para dejarlo: no piso el estadio, no sé la alineación ni cómo se mueve la tabla de posiciones; tampoco uso prendas rojas, jamás lo llamo Santafecito, y las escasas veces durante mi existencia cuando arriba a una final me desentiendo, no reparo en cornetas ni en fuegos artificiales, solo espero el periódico del día siguiente intuyendo un enorme titular de ‘¡¡Campeón!!’ y rehaciendo todo el recorrido antes de ese golazo divino y encendido en el último segundo.

Para matizar esto que produce Santa Fe y el síndrome de la derrota –este sí frecuente–, despotrico del feo campeonato local plagado de nombres de supermercados, talleres o aseguradoras; afirmo que, por cierto, el fútbol es otra trapisonda capitalista inoculada como ritual a miles de millones de atolondrados en el planeta, no oigo partidos por radio, ni mucho menos acudo a las espeluznantes transmisiones de televisión perplejo ante comentaristas diciendo “aumenta el consumo de uña” o “así es el fútbol: unas se gana, otras se pierde o se empata”.

Confieso que me traga la rabia por la derrota, las derrotas, de Santa Fe; pero pasados unos días cuando empieza otro campeonato vuelvo a imaginar que ahora sí, que el mío se hará jet, se colgará todas las estrellas aún sin nombre en el cosmos; dejará regados a Nacional y a América, ganará la Libertadores y luego, metido en la defensa, sacará un empate en la final mundial de clubes al Real Madrid para aplastarlo en la definición por penaltis más infartante en la historia.

Es que se me quedaron ahí desde cuando empecé a padecer esto en los 70, las voladas y las cag... de Mina Camacho y de Janko Sankovic, el uniforme de Luis Gerónimo López con el que me ubicaba en todos los arcos; aquel uno a cero de Alfonso Cañón a Millonarios en el minuto final, los piques de Ernesto Díaz, luego Gotardi, el ‘Tren’ Valencia y el bombo de “Loquito por ti” en las tribunas.

Tienen razón: ocurren cosas trascendentales, política, sueldos parlamentarios, vacuna o virulencia partidista, como para perder tiempo. Es el lío del fútbol, no se quita de encima, porque aunque haya perdido el domingo, ya volverá a jugar Santa Fe.

Gonzalo Castellanos V.

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