¡Celulares y cadáveres!

¡Celulares y cadáveres!

Es mejor creer que la intervención de la ministra es tonta porque termina relativizando la violencia

06 de marzo 2020 , 08:38 p.m.

Así como en la caricatura de Mafalda a Su-sanita le parecía que los pobres, pobrecitos, ni siquiera tenían la culpa de serlo, a la ministra del Interior le tintinea en la cabeza, y así lo expresa, que, aunque haya activistas de derechos humanos asesinados a montón, son más los muertos que deja el robo de celulares.

En las fosas en las que se acumulan es hora de “que los muertos viejos dejen espacio a los muertos nuevos”; muertos estadística, crímenes porcentaje, derechos humanos al descuento; por el lado donde se mire, aquella comparación resulta cruda. No faltará quien añada que continúan vivitos y coleando varios líderes, más, incluso, que los ya despachados, que ninguno recogía café o que, como se acuñó en otros tiempos y gusta formularse, “el mejor comunista es el comunista muerto”.

En buena fe, es mejor creer que la intervención de la ministra es tonta porque termina relativizando toda violencia, mas no deliberadamente camorrista. Pero el escenario resulta brumoso, pues su desatino se da mientras funcionarios cargan a piedras contra la Oficina de Derechos Humanos de la ONU por el informe sobre la situación de los defensores de derechos humanos aquí; por otro lado, a escasos días de que el Centro Nacional de Memoria, por culpa de su director (un inepto), fuera excluido de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia y, según corresponde a la cotidianidad ácida, a la vista de las imágenes aún calientes de la entraña de la tierra en el municipio de Dabeiba, en donde se embutieron cadáveres de la práctica de los ‘falsos positivos’ por el Ejército y de los asesinatos perpetrados por guerrillas y paramilitares enviciados igual con la sangre de civiles, campesinos, hijos o padres de alguien.

El informe del relator de la ONU, que de manera sorprendente ha puesto al Gobierno a enfrentar una disputa poco habitual en el estilo mesurado de la diplomacia internacional del país, destaca que la impunidad en casos de asesinatos sobre activistas de derechos humanos históricamente sobrepasa un 90 por ciento. Eso, aunque vergonzoso e inhumano, no es algo que no se intuyera siempre.

No bastan escoltas, carros y blindajes pagados con impuestos de todos; la tarea de protección es respecto de seres humanos cuya vida vale, vale mucho, vale más que un teléfono celular de aquellos a los que se alude por simple recurso estadístico.

Gonzalo Castellanos V.

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