Marchas y reformas

Marchas y reformas

Lo que registraban encuestas se palpó en las calles: baja aceptación de la gestión del Gobierno.

24 de noviembre 2019 , 12:55 a.m.

Fue la más nutrida manifestación de que se tenga historia, y muy diciente la espontaneidad de los cacerolazos en horas de la noche. Decenas de personas heridas y un mal fin como balance. Lo que registraban las encuestas se palpó en las calles: descontento generalizado y baja aceptación de la gestión del Gobierno.

Presidente y ministros parecen no haber comprendido para nada lo que ocurrió: rechazaron, como era lógico, los actos vandálicos y se ufanaron de haber respetado el derecho a la protesta, pero ni una palabra sobre el hecho político, a no ser por la desatinada declaración del nuevo mindefensa al indicar que quienes no salieron estaban expresándole su apoyo al Gobierno.

No se equivoquen, estas marchas y paros, como lo señalé la semana pasada, hacen parte de una estrategia continuada que irá hasta las elecciones del 2022 y cuyo propósito será mantener un clima de agitación que haga muy difícil gobernar. El mayor riesgo será la parálisis del Gobierno y su incapacidad para tramitar las reformas que la sociedad colombiana está exigiendo.

En este convulsionado ambiente, la primera prueba de fuego tendrá lugar esta semana cuando sea radicada la ponencia de la reforma tributaria, que esperamos haga trámite. Recoge los acuerdos logrados, como la eliminación, a partir del 1.º de enero, del impuesto al consumo sobre la venta de inmuebles, que tiene paralizado el sector inmobiliario. También se reduce la renta presuntiva al 0,5 por ciento para los años 2020 y 2021 y la elimina a partir del 2022. En tercer lugar, restablece el desgravamen sobre el componente inflacionario de los rendimientos financieros percibidos por las personas naturales, lo que evita que se someta a tributación la inflación implícita en los intereses que percibe un ahorrador.

Además, se amplía hasta el 2020 el período en que será posible normalizar activos no declarados, pagando un impuesto de normalización del 15 por ciento, que se reduce al 7,5 por ciento cuando se trate de activos localizados en el exterior del país, que se moneticen e inviertan en Colombia por un período de 2 años.

Aunque no se consiguió acelerar la reducción de la tarifa del impuesto sobre la renta para las sociedades, se mantiene la senda para localizarla en un 30 por ciento, así como la posibilidad de descontar contra el impuesto sobre la renta el IVA de los bienes de capital y el ICA pagado a los municipios, lo que genera una reducción sustancial de la tasa de tributación de los negocios. A ello se añade el beneficio de auditoría pactado para 2020 y 2021.

De otra parte, el Gobierno se comprometió a estudiar la posibilidad de incluir en la ley la propuesta de unificar la tarifa del impuesto aplicable a los dividendos en el 7,5 por ciento, tanto para inversionistas nacionales como para extranjeros, eliminando así el trato discriminatorio en contra de los residentes en el país. Se acordó, además, estudiar una gradualidad en el tiempo para convertir el 4 × 1.000 en una retención en la fuente, aplicable al impuesto sobre la renta.

No fue posible llegar a un acuerdo frente al impuesto al patrimonio para personas naturales, que habíamos propuesto eliminar desde el 2020. Un tema que queda pendiente y sobre el cual volveremos a insistir en el futuro. No obstante lo anterior, si la ley se aprueba con las iniciativas acordadas, el país tendría una carga tributaria sustancialmente inferior a la actual, lo que debería redundar en un mayor crecimiento y, esperamos, una mayor generación de empleo.

Más allá de los beneficios en materia de competitividad para el país, este acuerdo puede ser el inicio de una nueva y fecunda relación política que desde la independencia nos permita avanzar en otros temas. Pero después de lo acontecido el jueves, la gran pregunta es si el Gobierno estará en capacidad de sintonizarse con el país y si aún le resta oxígeno para impulsar esta reforma y una nueva agenda, o entrará atemorizado en modo parálisis y supervivencia, que es el gran riesgo al que quedó expuesto.

GERMÁN VARGAS LLERAS

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