Elecciones

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Conocí nuevas falencias y amenazas para nuestra democracia que deberán ocupar la mayor atención.

27 de octubre 2019 , 12:01 a.m.

Al término de mi recorrido por varios departamentos del país para acompañar algunos candidatos que creo serían buenos gobernantes, pude confirmar cómo se sigue envileciendo el funcionamiento de nuestro sistema electoral e incluso conocer nuevas falencias y amenazas para nuestra democracia, que una vez surtidas las elecciones de hoy deberían ocupar la mayor atención del Gobierno, del Congreso de la República y, por supuesto, de los partidos políticos.

Esa necesaria reforma debería ocuparse, en primer lugar, de la financiación de las campañas. La nueva legislación, inspirada sin duda en buenos propósitos, ahuyentó por completo el apoyo económico de las empresas y del sector productivo en general a las campañas. Financiar hoy en día a un candidato o partido se ha convertido en algo reprochable que las empresas quieren evitar. Como resultado de lo anterior crecen las denuncias de financiación ilegal y de quienes tienen interés en la contratación local.
Además de ser insuficiente, la financiación estatal no funciona en el nivel regional, donde los gastos se reponen después de varios años, y como consecuencia de esto, los bancos no otorgan anticipos, la pauta oficial no existe y el supuesto transporte gratuito tampoco. La reforma tiene que plantear un mecanismo para que el proceso electoral no siga siendo la principal causa de corrupción en nuestro país.

También con buena intención se estableció el mecanismo de inscripción por firmas, el cual, sin proponérselo, ha generado desigualdades flagrantes entre estos candidatos y sus movimientos con aquellos de los partidos políticos. La posibilidad de anticipar en nueve meses los tiempos de las campañas, de emplear muchos más recursos económicos en ella, así como no tener que someterse a los controles sobre inhabilidades, incompatibilidades o sanciones, han hecho que resulte mucho más atractivo acudir al mecanismo de firmas para la inscripción que hacerlo a través de los partidos, con lo cual no hemos hecho otra cosa que desinstitucionalizarlos y debilitarlos, con alto costo para nuestra frágil democracia.

Capítulo aparte merece la reforma del Consejo Nacional Electoral, cuya composición, ligada a la representación de los partidos, entró en crisis. Demoras inaceptables en la resolución de recursos, modificación de criterios a la medida del peso político de los interesados y muchos otros problemas hacen impostergable la revisión del Código Electoral.

A todo ello se suma la incapacidad del Estado para investigar y sancionar ejemplarmente a los infractores. Más de 700 denuncias recibió la Fiscalía en el último mes, y muchas más contra alcaldes, gobernadores y funcionarios públicos que sin ningún recato interfieren a favor de uno y otro candidato.

Qué útil sería que la reforma acabe con esta farsa, se establezcan topes de gastos realistas, esquemas de financiación transparentes; se permita, como en todas las democracias, que los servidores públicos expresen con total libertad sus opiniones, y tantos otros temas como la reglamentación de las encuestas, la conformación de coaliciones o el proceso anacrónico y poco garantista que va desde las inscripciones hasta los escrutinios. Es hora de reconocer que en todas estas materias, por hacer más terminamos haciendo menos.

Con razón el presidente Duque convocó la semana pasada una cumbre para analizar estos problemas, mas, como muchas otras iniciativas, llegó a destiempo, pues nada podía hacerse a una semana de las elecciones. Pero rescato la preocupación expresada por el Gobierno y su compromiso, así como el de las fuerzas políticas, por tramitar una reforma integral del sistema, que debe pasar también por una reforma de nuestro ordenamiento territorial.

Hoy se espera un apretado resultado en casi todas las circunscripciones, empezando por Bogotá. Cada voto cuenta. Invito a todos a votar en paz, a conciencia y con entusiasmo, y que la jornada sea de una masiva participación que revitalice y legitime nuestra democracia.

GERMÁN VARGAS LLERAS

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