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El paquetazo

El paquetazo

Llevamos varios meses buscando que los privados puedan apoyar el programa de vacunación.

27 de junio 2021 , 01:12 a. m.

Esta semana cruzamos el umbral de los 100.000 fallecidos por la pandemia en medio del debate sobre la responsabilidad que en este tercer pico tuvieron las marchas, las aglomeraciones y los bloqueos. Yo no tengo duda sobre los miles de vidas que el ejercicio irresponsable y abusivo del derecho a la protesta cobró en estas semanas y seguirá cobrando si el Gobierno Nacional y las autoridades locales no ponen freno a esta locura. No hay un solo país en el mundo en donde se hayan permitido este tipo de manifestaciones bajo la pandemia. Ninguno que haya privilegiado el derecho a la protesta sobre el sagrado derecho a la vida. Salvo el nuestro. Los resultados están ahí, inocultables, llenándonos de hastío y vergüenza.

Después de la India y Brasil, Colombia ocupó esta semana el tercer lugar en muertes por día. Ya casi llegamos a 800, y algunos expertos opinan que como vamos podríamos pasar de 1.000 y hasta llegar a los 1.400 en las próximas semanas. Ya no hay capacidad en las UCI de las principales ciudades, lo que ha obligado a aplazar miles de intervenciones quirúrgicas programadas, muchas de las cuales también comprometen la vida de las personas.

En medio de esta situación se anuncia la apertura total de actividades. Entiendo y comparto el sentido de urgencia por reactivar nuestra economía, por regresar a las aulas escolares y por retomar en lo posible la normalidad perdida. Pero ¿será este el momento oportuno? No lo fue cuando morían 200 personas. Nadie entiende nada. ¿No valdrá la pena, habiendo hecho ya esfuerzos tan grandes, retrasar un tiempo adicional la tan anhelada apertura? Sigo pensando, como desde el primer momento, que lo más relevante es la vida y espero que quienes deban tomar las decisiones también la privilegien.

Entre picos, mesetas, abismos y llanuras se esconde una realidad inocultable que es la mediocridad con que el Ministerio de Salud ha actuado durante esta pandemia. En el frente de la vacunación, los resultados difícilmente podían ser peores. No solo comenzamos tarde, sino que es la hora en que no tomamos ritmo. ¿Cómo es posible que a estas alturas tan solo 5’380.000 colombianos hayan recibido su segunda dosis? Solo el 10 % de la población. Y ahora resulta que mediante un esguince gramatical se desatenderán las recomendaciones de la farmacéutica Pfizer para pasar de 21 días a 84 la aplicación de la segunda dosis. Digan la verdad: no es porque sea mejor, sino porque no hay vacunas. Además, por la misma razón, entraremos en el terreno de la experimentación con los cocteles biológicos de diferentes casas. ¡Qué irresponsabilidad!

Llevamos varios meses buscando que los privados puedan apoyar el programa de vacunación. A este tema no hay que darle más vueltas. Al ministro no le gusta esta colaboración. Ha hecho lo indecible para impedirlo y lo ha logrado. Ya verán los empresarios en qué terminarán sus buenos propósitos y cuánto les costarán las vacunas, que, además, serán gravadas con IVA y con un peaje adicional a favor del Fome.

A todo esto se suma el no pago de los $ 7 billones que el Estado le adeuda al sistema de salud, pago al que está obligado, en aplicación de la llamada ley de punto final. Miles de médicos y personal de la salud no han podido recibir sus salarios y prestaciones por culpa de una partida de burócratas del Ministerio y la Adres incapaces de auditar unas cuentas. Entre tanto, la Superintendencia de Salud interviene de manera muy discrecional a las EPS y entrega su manejo, curiosamente siempre a la misma persona. Bien haría la Contraloría en auditar a fondo estos procesos y las decisiones tomadas. Y como si fuera poco, ahora la propia Contraloría encuentra hallazgos con alcance fiscal y disciplinarios por más de $ 22.000 millones en el Ministerio de Salud.

Peor imposible en todos los frentes: récord mundial de contagios y fallecidos, mediocre vacunación pública y nula privada, reforma de la salud hundida sin debate, manejo del Invima y de la Supersalud discrecional y con amiguismos, ley de punto final burlada y malos manejos en la entidad. Qué más se necesita. Pero todo esto quedará sepultado bajo los anuncios del locuaz ministro Ruiz sobre la llegada de la variante delta del coronavirus a Colombia. No hay mal que por bien no venga.

GERMÁN VARGAS LLERAS

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