Lavada de manos

Ante el horror de las masacres, Duque y los líderes de su partido quieren echarles la culpa a otros.

24 de agosto 2020 , 12:27 a. m.

No hay forma de describir el horror de lo que han sido las masacres de jóvenes en el sur del país y en otras regiones. Las imágenes de dolor son desgarradoras. La reacción de desconcierto, impotencia e ira de las comunidades, avasalladora. El rechazo generalizado al Gobierno por su ausencia e inacción, contundente.

Ante el inmenso costo político y de opinión, en vez de asumir la responsabilidad y el liderazgo para enfrentar el fenómeno, el Gobierno ha optado por la salida fácil de lavarse las manos. Con cerca de cincuenta masacres ocurridas, cientos de líderes sociales asesinados y decenas de excombatientes de las Farc perseguidos o acribillados, en lo corrido del actual gobierno, ahora Duque y los líderes de su partido quieren echarles la culpa a otros.

La primera señal de que están dedicados a escurrir el bulto es tratar de negar que estamos ante un fenómeno de masacres de civiles con motivaciones políticas, además de criminales, combinado con el asesinato sistemático de líderes sociales y de partícipes del proceso de paz. Del Presidente para abajo se usan eufemismos y camuflajes, como el de que son “homicidios colectivos”, casi accidentes, ocurrencias desafortunadas, ajustes de cuentas, guerras de bandas, y que los muchachos estaban en el “lugar equivocado” o “quién sabe en qué andaban”. Se equivoca el Gobierno si cree que a punta de minimizar la naturaleza sistemática de lo que está ocurriendo va a lograr convencer a la opinión pública.

La otra estrategia para lavarse las manos es casi que ingenua por lo obvia, pero altamente peligrosa por lo equivocada. Se trata de echarle la culpa al proceso de paz. A diestra y siniestra se afirma y se asevera que las recientes masacres en el Cauca son el resultado de los acuerdos con las Farc. Que porque el acuerdo incentiva el narcotráfico... o porque son los mismos con las mismas... Efectivamente, sí existe una conexión real entre los acuerdos de paz y el ascenso de la violencia sistemática, pero no es precisamente la que señala el Gobierno o el uribismo. La violencia actual es generada por el incumplimiento rampante del Gobierno respecto de los acuerdos de paz.

Las negociaciones de paz con las Farc llevaron a que se desmontara la amenaza subversiva y terrorista que azotó a Colombia durante más de cincuenta años. Se desmovilizó, ni más ni menos, la estructura armada ilegal de mayor alcance nacional y amplio control territorial. Sin embargo, como es insoslayable, no obstante su primacía, la guerrilla de las Farc no era el único actor de la violencia organizada en Colombia.

El verdadero factor originador detrás de esta oleada de violencia, de masacres y de enfrentamientos entre organizaciones no son los acuerdos de paz. La causa reside en todo lo contrario: que el gobierno actual no ha cumplido con su deber y su obligación de implementar a fondo los acuerdos, en particular los componentes que tienen que ver con desarrollar la presencia institucional plena del Estado y de la Fuerza Pública en las áreas donde se desmontaron las estructuras guerrilleras. Prefiriendo acatar a los “señores de la guerra”, el Gobierno no ha hecho sino poner trabas jurídicas y recortar recursos a la implementación de la estrategia de desarrollo territorial y al despliegue acelerado de las instituciones en las que eran regiones de presencia de las Farc.

Estamos viviendo no las consecuencias de los acuerdos de paz, sino de la incapacidad y la patente falta de voluntad del gobierno Duque de implementarlos y así copar los espacios que dejó la extinta guerrilla. Dicha inacción ha permitido, precisamente, que se desate la tenebrosa guerra en curso por el control territorial, por la suplantación de la autoridad legítima y por la subyugación política y social de las comunidades.

‘Dictum’. Un millón de personas adicionales sin seguridad social constituye una explosiva tragedia humanitaria.

GABRIEL SILVA LUJÁN

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