Especie asediada

Especie asediada

Evolución del patrón jurisprudencial sugiere un sesgo cada vez mayor contra el sector empresarial.

08 de septiembre 2019 , 09:57 p.m.

En el ecosistema social del país hay especies innecesarias y dañinas que prosperan, mientras que otras, las decisivas y benéficas, se encuentran en vías de extinción. Las manifestaciones más constructivas del comportamiento social, paradójicamente, son las más amenazadas en nuestro medio. Eso está pasando con la que quizás sea la más importante para sostener el empleo, la subsistencia, el crecimiento, los servicios del Estado... Me refiero a la iniciativa empresarial.

La iniciativa privada en nuestro país se desenvuelve en la dualidad que caracteriza nuestro ordenamiento constitucional y jurídico. No existe una ley fundamental en la historia de Colombia más explícitamente protectora de los derechos de propiedad, del libre mercado y del emprendimiento que la de 1991. Al mismo tiempo, la Carta Magna maximiza los recursos de acción a título individual o colectivo de los ciudadanos, creando una amplia avenida jurídica que les otorga gran laxitud a los jueces, dándoles la capacidad de producir efectos catastróficos sobre el entorno de un negocio mediante decisiones puntuales difícilmente reversibles.

La evolución del patrón jurisprudencial en las últimas décadas sugiere un sesgo cada vez mayor contra el sector empresarial y una ideologización populista de los fallos. Las decisiones de los jueces se contaminan cada vez más del ‘síndrome de Robin Hood’, en el cual el deber del togado se trastoca, convirtiéndose en un protector de los débiles ante las supuestas arbitrariedades de los poderosos, en vez de decidir estrictamente en derecho y de acuerdo con la evidencia. Este comportamiento es particularmente pronunciado en la jurisdicción laboral y en los fallos asociados a casos de la seguridad social.

El Congreso muestra una creciente proclividad a legislar generando mayores obstáculos, requisitos y talanqueras al sector privado, estableciendo un grado de intervencionismo burocrático que desestimula al más motivado de los empresarios. Por ejemplo, la definición de los estándares remunerativos de los trabajadores se consideraba una potestad sagrada del Ejecutivo hasta que el populismo uribista tomó la iniciativa de intervenir legislativamente y meter, directamente, la mano en la nómina de las empresas con evidentes fines electorales.

La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) ha decidido aplicar los excesivos poderes que hoy le otorga la ley, para golpear autocráticamente a Rappi con argumentos tenues y bastante discutibles. A esto se le suma la persecución del Ministerio de Transporte, motivada políticamente, a las nuevas plataformas digitales que facilitan soluciones innovadoras para la actividad transportadora. Produce perplejidad que mientras que el presidente Duque promueve la economía naranja y colaborativa, la SIC agreda a los innovadores y emprendedores para ganarse algunos puntos con la opinión pública. Se trata de un peligroso populismo sancionatorio que va en detrimento del libre desarrollo de la iniciativa privada, en particular de los nuevos negocios.

Finalmente, para no hablar de otros aspectos como el tributario, la iniciativa privada está sometida a una creciente ‘criminalización’ de su actividad. Los asuntos contenciosos entre privados, que deberían corresponder a instancias arbitrales o del Código de Comercio, se trasladan cada vez más a la esfera de lo penal. Ahora ser empresario no solo conlleva todos los riesgos económicos asociados al emprendimiento, sino que también existe el espectro de terminar en la cárcel por una disputa de carácter comercial o por un cliente insatisfecho.

‘Dictum’. Marta Lucía Ramírez no pudo escoger peor símbolo para el empoderamiento femenino. Ivanka Trump ha sido testigo pasivo de los atropellos de su padre a las mujeres y de sus posturas insultantes, abusivas y misóginas.

GABRIEL SILVA LUJÁN

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