El espejo del futuro

El espejo del futuro

Esta semana se cumplen dos años del gobierno Duque, una oportunidad para enderezar el surco.

02 de agosto 2020 , 10:24 p. m.

Esta semana se cumplen dos años del gobierno de Iván Duque. Alcanzar la mitad de la vida, para una persona o para un gobierno, es un hito que debería invitar a la reflexión. Siempre, ese punto de inflexión en el ciclo vital sirve de buena excusa para empezar a visualizar cuál será el legado; cuáles serán los motivos y las razones para que las próximas generaciones recuerden nuestro paso por la vida. La ventaja es que si al mirarnos cuidadosa y sinceramente en el espejo del futuro lo que se ve no es halagüeño, aún queda la mitad del camino por recorrer, ya que –como dice el adagio campesino– nunca es tarde para enderezar el surco. Esa es la oportunidad que aún tiene el Gobierno.

Es curioso, pero uno nunca se ve en el espejo como realmente es. De allí que el papel de la oposición, de una parte, y de los amigos del propio Gobierno, por otra, es advertir los desaliños y los ajamientos que el Presidente y su círculo se resisten a reconocer. No es fácil hacerlo. Tampoco halagüeño. Generalmente, a quien asume ese oficio le asignan oscuras intenciones, mala leche, falta de lealtad o simple y pura ignorancia.

Sin embargo, cuando ya hay más pasado que futuro, como ocurrirá a partir del siete de agosto próximo, el primer mandatario, que lo es de todos los colombianos, no puede aferrarse a vanidades o pequeñeces, a ‘vendettas’ intrascendentes, a sacarse clavos y a echar pullas. Mucho menos, a obedecer o complacer obsecuentemente a quien ya la historia le dio su oportunidad.

Menos aún cuando, por circunstancias del destino, le correspondió la inconmensurable responsabilidad de ser el líder de la nación en la lucha contra la pandemia. En esa batalla, dejar de escuchar, dejar de reconocer, dejar de ponderar todas las opciones literalmente tiene consecuencias de vida o muerte. Entiendo que no es labor de un columnista dar consejos que nadie ha solicitado, pero sí es deber de todos los compatriotas colaborar a que solidariamente la nación supere una de las coyunturas más desafiantes y que va a poner en riesgo nuestro futuro colectivo.

Por eso, en este punto de inflexión no solo el Gobierno, sino todos debemos mirarnos en el espejo del futuro del país para reconocer esa avalancha de dificultades que se van a heredar de este aciago momento de nuestra historia. Más que entrar en un juicio anticipado sobre el legado de Duque, todos deberíamos hacer lo posible para que en estos dos años su herencia sea mejor, mucho mejor, de la que desafortunadamente están prediciendo tirios y troyanos.

Sin querer hacer un juicio, esa es precisamente la inocua discusión que hay que evitar; es claro que estamos abocados a un deterioro generalizado en los diferentes frentes de la estabilidad política, de la vitalidad democrática y de la situación social. No ha sido suficiente lo que se ha hecho, reconociendo la mejor de las intenciones de acertar, para ponerles diques y talanqueras a las tendencias de deterioro que se observan en el desempleo, en la pobreza, en el estancamiento, en la situación macroeconómica, en la seguridad, en la inserción en el mundo...

A nadie en su sano juicio le interesa que el país se descuaderne y surjan amenazas a la propia integridad nacional. A aquellos que posiblemente hacen cálculos perversos para aprovecharse de la coyuntura y fortalecer sus pretensiones criminales, sus sueños insurgentes, o que aspiran a recolectar electoralmente el caos y el descontento no se los puede calificar de nada distinto que traidores a la patria. Muchos sectores políticos y de la sociedad civil han manifestado su voluntad de ayudar de manera solidaria y desinteresada. Salve su legado, Presidente.

‘Dictum’. La Andi tiene la libertad y la obligación de opinar. Aquello que no pueden hacer es condenar a la ilegitimidad y a la ilegalidad a una oposición que no comparte sus intereses.

GABRIEL SILVA LUJÁN

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