El dueño de la intransigencia

El dueño de la intransigencia

Decir que esfuerzos de Duque para lograr acuerdo político han dado resultados modestos es injusto.

26 de mayo 2019 , 11:26 p.m.

Los analistas públicos saltaron irreflexivamente a la conclusión de que los esfuerzos del presidente Duque por buscar una serie de acuerdos políticos habían tenido muy modestos resultados. Esa aseveración es injusta. La expectativa creada de que en un día de reuniones se aliviarían todos los males que nos aquejan era ingenua. ¿Qué se pretendía? ¿Qué en un país de esta complejidad y en una coyuntura tan delicada se resolvieran todos los asuntos con un tintico?

Construir un consenso amplio sobre temas de altísima sensibilidad, como son la lucha contra la criminalidad, la justicia transicional y la estabilidad de los acuerdos de paz –por ejemplo–, es como tejer un tapiz, una labor para finos artesanos. Puntada a puntada, nudo a nudo, se van entrelazando la urdimbre y la trama.

La polarización es tal que todas las propuestas pasan por el tamiz de la suspicacia. Naturalmente hay que tener un mínimo de confianza en las verdaderas intenciones de los interlocutores, si se quiere avanzar. Y todo indicaría que Duque está buscando crear esa confianza. Un diálogo no es una reunión. Un diálogo es una cadena de gestos, mensajes cifrados y planteamientos explícitos. Es un cortejo. Revisando desapasionadamente lo que viene ocurriendo, se puede concluir que Iván Duque ha hecho un esfuerzo para mandar las señales correctas.

Aun en el tema de las objeciones –que muchos seguimos creyendo innecesarias, inconvenientes y peligrosas para la paz– hay que reconocer que el rasero aplicado fue el más bajo necesario para cumplirles a sus electores. Además, fueron derrotadas y Duque no ha interferido en el curso de su evacuación constitucional.

Ante el enojoso asunto Santrich, hay que destacar la serenidad del Presidente de no dejarse llevar a una visión catastrófica del panorama institucional. No es menos relevante el observar que ante la arremetida del uribismo –que pretendía declarar el estado de conmoción para imponer su agenda extremista–, el jefe del Estado no se dejó seducir por el facilismo de gobernar y de extraditar por decreto.

En similar dirección, el primer mandatario se dio a la tarea de desmontar tajantemente cualquier asomo de apoyo a las perturbadoras ideas del Centro Democrático de convocar una asamblea constituyente. Duque escogió estar del lado del amplio consenso que se opone a dicho salto al vacío. Dado que esa iniciativa viene siendo aupada por los grandes cacaos del uribismo, no es marginal el coraje que desplegó para imponer su criterio en materia altamente sensible.

En cuanto a la escogencia del nuevo fiscal, un asunto de la mayor trascendencia institucional y decisivo para la salud de la nación, Duque fue categórico al afirmar que buscará un nombre “con independencia, solvencia, patriotismo, sin tacha y comprometido con la legalidad como principio”. Ese compromiso da tranquilidad institucional a las cortes, apacigua la política y tranquiliza a la ciudadanía.

El último gesto en esta cadena de manifestaciones y decisiones es la creación de la Comisión Militar de Excelencia, compuesta por personalidades con plena autonomía para examinar los delicados asuntos de la doctrina militar. Es un gesto presidencial que ha despertado murmuraciones y antipatías entre los uribistas guerreristas, pero que hace caso a un país que quiere evitar a toda costa otra tragedia de ‘falsos positivos’.

En síntesis, lo que se concluye es que del lado del jefe del Ejecutivo aparece una intención consistente de desplegar una voluntad real para construir consensos y acuerdos. Desafortunadamente, sus copartidarios y el otro lado de la mesa no están demostrando la misma actitud. ¿Quién terminará siendo el dueño de la intransigencia? Ese pierde.

'Dictum'. Al senador Uribe le perturba la autonomía de las instituciones constitucionales. Ahora también quiere enlazar al Banco de la República.

GABRIEL SILVA LUJÁN

Sal de la rutina

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