¿Dónde están?

¿Dónde están?

En Colombia, el sector privado tiene un protagonismo central en la construcción de nación.

23 de junio 2019 , 10:30 p.m.

Colombia es un país muy particular en el contexto de América Latina. No solo nos diferenciamos del resto de la región por nuestra diversidad geográfica, ambiental, cultural y social, sino también por algo excepcional: el protagonismo central que el sector privado ha desempeñado en la construcción de la nación. A diferencia de México, Brasil, Argentina, Perú, Venezuela y Bolivia, entre otras naciones, en las que el Estado ha sido históricamente, y sigue siendo, un determinador fundamental de la dinámica de la sociedad, en nuestro terruño hay un peso relativo del sector empresarial que lo hace decisivo en la evolución del acontecer colectivo.

Muchos analistas señalan que ello se debe principalmente a que hemos tenido la bendición de ser un país construido sobre el fundamento de la libertad individual y el emprendimiento. Mientras que a nuestro alrededor, las economías se construyeron sobre los deleznables pilares de una altísima dependencia de las actividades extractivas, controladas por el Estado, aquí fue distinto. Sin argüir que no hemos tenido algo de eso, nuestra inserción en la economía mundial, basada en la economía cafetera durante más de siglo y medio, instauró un sesgo estructural a favor de una cultura de la libertad económica, de la iniciativa privada y el emprendimiento. Esos valores nos han evitado rodar por el despeñadero del autoritarismo y la dictadura.

Son incontables las ocasiones en que los empresarios colombianos se han levantado y han hecho valer su poder frente al Estado para defender la democracia. Los ricos en Colombia no han sido una fuerza retardataria, como en casi todas partes, sino un catalizador del cambio con estabilidad. Hasta ahora.

En pocas ocasiones, como en esta coyuntura, han estado tan amenazadas la libertad de emprendimiento, la iniciativa privada y las instituciones, todas ellas claves para la estabilidad económica. Hay una ofensiva muy peligrosa contra el profesionalismo en la formulación de las políticas públicas y en contra de la prevalencia de la sensatez en el manejo macroeconómico. El populismo está haciendo de las suyas a diestra y siniestra. Hoy es mucho más peligroso Uribe que Petro para los intereses del sector privado, por una razón muy sencilla: el ex-presidente es el dueño del Gobierno y es bastante más eficaz que la oposición de izquierda.

Los hechos son tozudos. La política laboral del Centro Democrático ha terminado en un incremento de los costos tan exacerbado que ha llevado a un aumento sin tregua en el desempleo. Álvaro Uribe le ha declarado una guerra personal al Banco de la República, amenazando su independencia y autonomía para formular la política monetaria y cambiaria. El uribismo es el autor intelectual de las barbaridades proteccionistas que se insertaron en el Plan de Desarrollo. Para no hablar de la campaña de desprestigio contra la justicia y el proceso de paz, que ha sembrado profunda incertidumbre entre los inversionistas y los consumidores.

El uribismo ha perdido el pudor y no tiene miramiento alguno en impulsar medidas, decretos, leyes y actitudes que en su conjunto nos están conduciendo hacia un desastre populista. Todo es válido con tal de mantenerse en el poder y, más grave aún, en aras de concretar las pretensiones de perpetuación política de Álvaro Uribe.

Semejante situación ameritaría un comportamiento muy diferente de los líderes gremiales y empresariales. La verdad, vemos un empresariado amedrentado, con unos gremios desperfilados, en algunos casos cooptados, sin ejercer un liderazgo real que oriente y movilice el país. ¿Dónde están los Fabio Echeverri de este siglo?

'Dictum'. No hay que pensar con el deseo en cuanto a la reelección de Trump. A hoy, objetivamente, parece inevitable. Colombia debe prepararse para lo que nos falta por ver en las relaciones bilaterales.

GABRIEL SILVA LUJÁN

Sal de la rutina

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