Andar en gallada

Andar en gallada

Las potencias están recurriendo a ‘bilateralizar’ intereses geopolíticos y necesidades puntuales.

28 de julio 2019 , 11:59 p.m.

Nadie puede negar que el mundo atraviesa una etapa de intensa transformación que desafía todas las pautas a las que estábamos acostumbrados. Ya no existen esas certidumbres que, a pesar del riesgo catastrófico de una guerra nuclear, nos daban claridad. La Guerra Fría nos imponía tener que ser binarios. A los países les tocaba estar de un lado o del otro.

Más allá de la Unión Soviética y Estados Unidos, los demás éramos ‘la periferia’. Nuestros países eran el verdadero campo de batalla en el que se daba la contienda por la dominación global, dado que las consecuencias catastróficas de una guerra nuclear les impedían a las superpotencias darse en las narices directamente. Se nos imponían la democracia, la dictadura o la guerra de acuerdo con la conveniencia estratégica de las superpotencias. El margen de maniobra, los grados de libertad y autonomía –de los países periféricos– eran más bien bajos y en muchos casos, prácticamente inexistentes.

Desde un comienzo, muchos líderes trataron de construir alternativas que aliviaran el yugo imperialista impuesto por las dos superpotencias. La estrategia que surgió fue asignarles un mayor protagonismo, en las relaciones internacionales, a los escenarios multilaterales y actuar en ellos de manera concertada mediante posiciones de ‘bloque’ –como fue el caso del Movimiento de Países No Alineados– o actuando de manera unificada a nivel regional. Otra estrategia complementaria, para ganar independencia y mayor autonomía, fue la de acentuar la integración económica y comercial, con experimentos como la Comunidad Económica Europea –antecesora de la UE– y el fallido Grupo Andino.

Estas iniciativas generaron un impacto importante, en parte gracias al activismo de potencias regionales intermedias como India, Egipto, Ghana, Francia, indonesia y Yugoslavia. A regañadientes, las superpotencias tuvieron que acudir a escenarios multilaterales en los que ahora había más balance, menos asimetría, y en los que los países periféricos colectivamente podían jugar un papel menos subordinado.

Hoy, las cosas son distintas, pero la necesidad sigue siendo la misma. El derrumbe del bloque soviético, el ascenso de nuevos actores al estatus de potencias mundiales y la avalancha de nacionalismos han creado un mundo muy diferente. Es más, se puede hablar de un nuevo sistema internacional en que el unilateralismo es la norma y el derecho internacional tiene cada vez menos injerencia en la resolución de los conflictos.

El corolario de esta situación es que las potencias están recurriendo, con creciente énfasis, a ‘bilateralizar’ sus intereses geopolíticos y sus necesidades puntuales. En este contexto, el del tú a tú –en el que no median instituciones multilaterales y derecho internacional es irrelevante–, es cuando los poderosos maximizan la eficacia de las asimetrías de poder. Mediante la utilización efectiva de amenazas particulares a países específicos, Estados Unidos obligó a México, Guatemala, Canadá y muchos otros a plegarse a sus designios.

Hay que recuperar, entonces, las enseñanzas que se desprenden de las iniciativas políticas que durante la Guerra Fría permitieron moderar, aminorar e incluso derrotar el todopoderoso régimen de las superpotencias. Al avance de la ‘bilateralización’ de las relaciones internacionales hay que contraponerle la convergencia e integración política, económica y estratégica de los países amenazados. Solo la acción colectiva en el escenario mundial y regional puede hacerle un contrapeso creíble y eficaz a la consolidación del matoneo como herramienta de gobernanza internacional. Es mejor andar en gallada.

‘Dictum’. Me consta la popularidad de Miguel Uribe en Ciudad Bolívar. Me consta su compromiso con los principios liberales. Me consta su capacidad administrativa. Bogotá, a votar por él.

GABRIEL SILVA LUJÁN

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