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Al pan, pan y al vino, vino

Al pan, pan y al vino, vino

Es el gobierno de Iván Duque el que tiene que responder por haber sumido al país en este caos.

16 de mayo 2021 , 09:59 p. m.

La profundidad de la movilización popular de las últimas dos semanas ha creado incertidumbre, preocupación y rechazo en algunos que observan horripilados a cientos de miles de jóvenes y de ciudadanos haciendo pública su indignación con lo que está ocurriendo en nuestro país. En otros sectores, las marchas han despertado una alegría muy grande, un optimismo sobre el futuro del país, una confianza en que cuando se ejercen los derechos a la protesta, consagrados en la Constitución, se producen consecuencias de transformación y de cambio.

La asimilación de la protesta con el vandalismo –fenómeno que todos rechazan, empezando por los marchantes– no ha logrado empañar su legitimidad nacional e internacional. Esos marchantes, entre los que han estado mi hija y sus amigos, no están en la calle como agentes del terrorismo o como anarquistas a sueldo. Están allí por la ira que han despertado los desmanes de la Fuerza Pública, que viene operando sin verdadero control civil, y por la indignación que les genera una dirigencia incapaz de entender el desespero colectivo ante el hambre, el desempleo, la corrupción, el covid, la falta de acceso a la educación...

Las interpretaciones pululan en cuanto a la explicación de cuáles son las razones que han gestado este estado de cosas. Y si se hace un fondo con todas ellas –una expresión culinaria que significa cocinar el ingrediente hasta tenerlo en su forma más básica para usarla en la preparación de diferentes platos–, se llega a tres conclusiones principales. Están los que le echan la culpa al sistema, aquellos que les atribuyen a las instituciones y a la Constitución la responsabilidad, y finalmente quienes señalan al Gobierno.

Como ocurre con la dinámica de todo proceso sociopolítico y económico, siempre estarán presentes los tres ingredientes destacados arriba. El tema, más bien, es cuál de esos factores realmente tiene predominancia sobre los demás; cuál es el componente catalizador que activa la situación. Ese debe ser el foco de la acción en este momento.

Quien tiene la responsabilidad de lo que está ocurriendo no es un tema menor. Hay quienes pretenden echarle la culpa a la Constitución de 1991. Qué equivocados, cuando es precisamente esa Constitución la que ha dado las herramientas institucionales a los marchantes para que ejerzan el derecho a la protesta. En cuanto al sistema económico, se puede decir que ciertamente es profundamente desigual y caracterizado por una inequidad injuriosa, algo que es necesario cambiar, pero no es por culpa de la economía de mercado que hoy tenemos a la mitad del país en la miseria. No, señores. No son la Constitución, ni las instituciones, ni los empresarios, ni las cortes, ni siquiera el sistema político los verdaderos responsables de la crisis. Todos ellos, sin duda, tienen que ver con lo que está pasando y necesitan cambios profundos y estructurales para hacer a Colombia más equitativa, más democrática, justa y próspera, pero no podemos desconocer y eximir de responsabilidad a los verdaderos culpables.

La crisis tiene nombre propio. Es el gobierno de Iván Duque y sus funcionarios, quienes tienen que responder por haber sumido al país en este caos. Y también Álvaro Uribe, con sus consignas de a sangre y fuego, al igual que el partido de gobierno, que es cómplice de la inacción, la indolencia y el desgobierno. No se puede dejar ahora que los verdaderos responsables expíen sus culpas echándole la culpa a la Constitución o a otros engendros calenturientos, como la teoría neonazi de la revolución molecular difusa, el terrorismo o la infiltración del castrochavismo y de Maduro. Al pan, pan, y al vino, vino.

Dictum. “(Mi papá)… Decía que lo que a él le llamaba la atención era que esto no hubiera sucedido antes con la enorme pobreza que se veía por todas partes y el mal trato que recibían los trabajadores y la gente pobre...”. Rudolf Hommes, ‘Así lo recuerdo’, pág. 68.

GABRIEL SILVA LUJÁN

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