Secciones
Síguenos en:
Universos paralelos

Universos paralelos

Hay dos países: el que pinta el primer mandatario y el que padecen el resto de colombianos.

02 de agosto 2021 , 02:00 a. m.

El próximo 7 de agosto se inicia el último año del gobierno del presidente Duque y se cumplen 3 desde que asumió las riendas del Estado. En su discurso del pasado 20 de julio, además de no presentar una hoja de ruta clara sobre el futuro ni alguna pista sobre cuál será su gran legado, demostró que sigue profundamente desconectado del país.

Era predecible que en la alocución más importante de la legislatura, Duque saliera a defender la gestión de su administración. Pero más allá de una lánguida y equívoca rendición de cuentas, parece que el Presidente habitara en una Colombia diferente a la de la mayoría de ciudadanos. Coexisten dos países en uno, dos universos paralelos muy distintos. El que pinta el primer mandatario con mucho convencimiento, y el que padecen el resto de colombianos.

Mal se haría en señalar que nada se ha hecho. Si bien algo tímidos, los esfuerzos sociales para mitigar el impacto de la pandemia han aliviado la suerte de millones. El subsidio solidario, el Programa de Apoyo al Empleo Formal y la expectativa de la matrícula cero para 700.000 estudiantes son meritorios de reconocimiento. También es preciso aplaudir la sustitución del 10 por ciento de la matriz energética, lo cual constituye un primer paso para el tránsito a energías renovables.

Sin embargo, en todos los demás frentes, el panorama que reivindica Duque es desmentido por las mismas cifras oficiales. Comenzando por la paz. Al tiempo que el mandatario se ufana de haber logrado más que cualquier otro, se han multiplicado los desplazamientos. Solo en estos días, 4.000 ciudadanos en Ituango fueron expulsados de su territorio. Eso sin contar el desbordado número de líderes y excombatientes asesinados y la alarmante cifra de masacres registradas casi a diario. Se omite en el discurso oficial que el Gobierno radicó las objeciones a la JEP para debilitarla y que sin pudor se le puso zancadilla al cumplimiento de las curules para la paz y al proyecto de jurisdicción agraria.

Desde la administración, de otro lado, no se ha escatimado esfuerzo para estigmatizar la protesta social y debilitar programas como el de sustitución de cultivos ilícitos. Proliferan grupos disidentes y bandas criminales que controlan territorios enteros, someten poblaciones indefensas y lo hacen porque el Presidente, literalmente, no controla el orden público y, por ello, los derechos humanos de la gente terminan por valer nada ante los violentos.

En otra esfera, el Gobierno no ha logrado capitalizar los avances que se habían obtenido en materia de relaciones internacionales. Hace algunos años, Colombia figuraba en la portada de los principales periódicos internacionales por los avances de la paz y la lucha contra la pobreza. Éramos vistos como un ejemplo mundial. Nuestro país se convirtió en un destino apetecido por turistas e inversionistas, y un escenario de cooperación internacional. Hoy estamos de pelea con nuestros vecinos, exportamos mercenarios, intervenimos torpemente en la política interna del aliado más significativo que tenemos y entramos en la lista de los países que desconocen las recomendaciones de instancias como la CIDH. Estos son solo algunos hechos que denotan la bancarrota de la gestión exterior del Gobierno, pues ya no cabe hablar de “política internacional”.

Duque insólitamente saca pecho también por los avances en materia social y protección del medioambiente. Sin embargo, y en gran medida por el covid, aumentaron la pobreza y el desempleo. Miles de empresas han tenido que cerrar y no se ha logrado combatir efectivamente la informalidad laboral. Frente a los temas medioambientales, no solo se le hizo conejo al Acuerdo de Escazú, mientras que se daba vía libre a los pilotos del 'fracking'; adicionalmente se propuso retomar las fumigaciones con glifosato a pesar de las advertencias sobre los impactos ecológicos y de salud pública.

Finalmente, y de forma desvergonzada, se celebran los avances en la reconstrucción de Providencia. Duque promete reconstruir la isla antes de acabar su mandato, desconociendo que ya desde enero del 2021 se había comprometido a hacerlo en un término de 100 días, o por lo menos a satisfacer la crisis sanitaria y habitacional de la isla. A la fecha no se ha cumplido el cronograma. Llegarán los huracanes y seguirán los raizales en sus carpas. Las condiciones en la isla son indignas y Providencia se erige en ejemplo de lo que ha sido una fallida gestión humanitaria.

La estigmatización de las marchas, en su mayoría pacíficas, como fuente inagotable de represión, sustituyó a lo que debió ser un presidente empático y creativo que perdió la última oportunidad que generosamente le brindaba el destino para introducir frente a los acontecimientos un giro histórico. En lugar de atreverse a interpretar el anhelo de cambio y justicia que venía de las calles y que bien había podido catapultar en una nueva generación de políticas públicas de buen gobierno para el resto de este siglo, el Presidente lució como un personaje prematuramente caduco, asustado y errático. Así lo reflejó para siempre el espejo de la crisis. Ese será el costo perpetuo de pernoctar en un universo paralelo y artificial, distante del real de sus gobernados.

Ñapa: se puso de moda renunciar a las curules para evitar procesos ante la Corte Suprema. Al parecer es mejor negocio aterrizar en manos de la fiscalía de Barbosa.

GABRIEL CIFUENTES GHIDINI
En Twitter: @gabocifuentes

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.