‘¡Oh bella ciao!’

‘¡Oh bella ciao!’

Emerge una ciudadanía que airadamente reclama un relevo y propone una agenda básica de cambio.

09 de diciembre 2019 , 12:03 a.m.

Últimamente, en las plazas italianas lo único que se escucha es ese cántico partisano que significó la resistencia ciudadana a la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial: ‘¡Oh bella ciao!’. Millares de jóvenes, que se han autodenominado las ‘sardinas’, han decidido oponerse al populismo y a la politiquería mediante la ocupación pacífica y masiva del espacio público. Una idea que surgió de la espontánea conversación de cuatro amigos inconformes con el sistema democrático, en especial con el líder de derecha Matteo Salvini, se ha convertido en todo un fenómeno social. Con algo más de dos semanas desde que se viralizó en redes, las ‘sardinas’ han ya puesto a temblar al establecimiento político italiano.

Expresiones creativas, apolíticas y que representan el creciente desapego de una ciudadanía joven a su dirigencia y la forma como gobierna, se están convirtiendo en el pan de cada día no solo en Europa, sino en varios lugares del mundo, véase no más Hong Kong, Chile, Francia, entre otros. Para quienes aún no lo han entendido, más allá de las exigencias en materia de educación que abanderan los movimientos estudiantiles en nuestro país, se esconde un fenómeno más profundo: una férrea resistencia al contenido y formas de hacer política tradicional. Estamos frente a un relevo generacional marcado por las redes sociales y por una agenda programática que incluye temas tan importantes como la sostenibilidad ambiental, la justicia social y la lucha contra la corrupción.

Detrás de las ‘sardinas’ hay una simbología poderosa: son muchas, son silenciosas, su existencia depende de la solidez de su comunidad, y al igual que las latas que las contienen, están dispuestas a apretarse para llenar plazas enteras, tal y como lo han venido haciendo desde su creación. Las ‘sardinas’ tienen un manifiesto en el que expresan claramente sus intenciones. En este se lee lo siguiente: “… creemos todavía en la política y en los políticos con P mayúscula. En aquellos que a pesar de sus equivocaciones persisten, aquellos que piensan en su interés personal únicamente después de haber pensado en el interés de todos los demás”. Si bien no tienen una ideología definida, lo que sí les resulta claro es que no se detendrán hasta purificar las prácticas malsanas de la política actual.

Al margen de las organizaciones sindicales, que no dejan de exponer ideas válidas y cuyas reivindicaciones tienen cierto asidero, lo que más llamó la atención de las marchas de las últimas semanas son las movilizaciones estudiantiles. Miles de jóvenes cantando, bailando, saltando en las calles. Cada uno por motivos distintos; tal vez ahí está la manifestación de un síntoma inequívoco de lo que está pasando: no es el paquetazo de Duque compuesto por una reforma tributaria, una pensional y una laboral, lo que impulsa la protesta. Es, por

el contrario, un grito de independencia de la clase política tradicional y el llamado a entender las nuevas dinámicas, lenguajes y expresiones sociales, todas ellas marcadas por la velocidad de una ciudadanía inconforme que vive conectada e informada. Una generación cambiante y caprichosa, pero no menos empoderada y legitimada para marchar, protestar y construir un mundo menos turbio, más justo y humano.

Los nuevos líderes y dirigentes de Colombia, y en general del mundo, deberán comprender que esto que está sucediendo en las diferentes plazas no son hechos aislados. Por el contrario, emerge una ciudadanía que airadamente reclama un relevo y propone una agenda básica de cambio. Subestimar estas manifestaciones es un error en el que fácilmente incurren los que por años se han alimentado del modelo clientelista de nuestra democracia.

También cometen un error quienes desde la política tradicional pretenden adueñarse de los movimientos estudiantiles. Nuestros jóvenes rechazan el populismo y la politiquería. Ellos no son de izquierda o de derecha, no tienen banderas partidistas ni discursos prefabricados; no por ello significa que sean carentes de ideas y propuestas, o que puedan ser cooptados por intereses electoreros.

Estamos presenciando el ocaso de una generación política que bien haría en pensionarse —aprovechando que aún quedan fondos para gozar de dicho privilegio—, y el surgimiento de un movimiento acéfalo que poco a poco irá encontrando su discurso y consolidando un contenido programático afín a sus preocupaciones y prioridades. Más allá del metafórico ropaje de las ‘sardinas’, nuestra juventud está comunicando un mensaje inequívoco, uno donde se declara la caducidad del sistema político que hasta ahora ha prevalecido. Estamos presenciando el nacimiento de una nueva ciudadanía.

Ñapa: El parque de los Hippies se está convirtiendo en epicentro político/cultural de una nueva generación de ‘sardinas’ colombianas. Las manifestaciones artísticas han sido el vehículo de la protesta social, bien valdría registrarlas todas.

GABRIEL CIFUENTES GHIDINI
Doctor en Derecho Penal, Universitá degli Studi di Roma. MPA, Harvard University. LLM, New York University. Máster en Derecho, Universidad de los Andes.
En Twitter: @gabocifuentes

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