La miopía de Duque

La miopía de Duque

La gente que saldrá a la calle lo hará porque no está viendo una Colombia bien encaminada.

17 de noviembre 2019 , 10:58 p.m.

Pasa el tiempo y nuestro presidente cada día está perdiendo la oportunidad de sintonizarse con el 74 por cierto del país, ese mismo país que piensa que las cosas no van por buen camino. Parece no bastar los ejemplos de Chile, Bolivia, Ecuador, Argentina y muchos otros países, donde la gente sale a marchar hastiada de la misma política de siempre, que se alimenta de la polarización y del discurso de odio. Latinoamérica es un hervidero social que ve en la calle la única alternativa de ser oída. Minimizar el clamor ciudadano equivale a pavimentar el camino que conduce a la derrota moral del Gobierno y a perder su capacidad de conducción.

Este gobierno dista de representar a los 13 millones de colombianos que votaron por Duque y, mucho menos, al resto de ciudadanos que no votaron por él. Lo que parecía la mayor votación de la historia para un presidente fue el resultado de una combinación de factores que bien haría el mandatario en reconocer para recomponer su gobierno. Muchos salieron a votar en contra de Petro, otros en contra de la paz de Santos y unos cuantos convencidos por una agenda programática alineada con un ideal de ultraderecha. Pero la verdad es que los electores reales de Duque no son más del 20 por cierto del país, es decir, el mismo número de votos que representa el Centro Democrático en el Congreso. Prueba de ello fue la paliza electoral que recibió el pasado 27 de octubre. Eso sin contar que muchos uribistas, ante la crisis política actual, se han desmarcado de su propio partido y del mismo presidente.

El 21 de noviembre saldrán a marchar los colombianos. Y no porque se hayan difundido falsas informaciones respecto a la liquidación de Colpensiones o a una reforma laboral y pensional que, aun a pesar de los prematuros anuncios de algunos funcionarios del Gobierno Nacional, no se ha empezado a discutir. La gente que saldrá a la calle lo hará por múltiples motivos, pero principalmente porque no está viendo una Colombia bien encaminada. El 21N será un termómetro político y también un llamado ciudadano para que Duque se conecte no solo con su partido, sino, además, con el resto de los colombianos, que no son más que ciudadanos que están indignados por la violencia, por la falta de compromiso con el cumplimiento de los acuerdos de paz, por las crecientes tasas de inseguridad y desempleo, por las salidas en falso a nivel internacional y por la falta de visión de país, entre muchos otros factores que, así pretendan minimizar, están allí presentes.

Duque ha confundido la gobernabilidad con la mermelada. Quizás quiera dejar como legado el cambio en la forma en que dialogan el Ejecutivo y el Legislativo, y eso de por sí es loable. Pero no está logrando ni lo uno ni lo otro. En este momento carece de apoyo en el Congreso, así como también en la opinión pública y en algunos sectores de su mismo partido. Todos sus proyectos están bloqueados. Pero, por otro lado, ha sido generoso en dar prebendas políticas a los miembros del Centro Democrático; baste ver la repartija de consulados y de entidades a amigos, aliados y familiares de sus copartidarios. No en vano, a pesar de sus esfuerzos en la lucha contra la corrupción, según la última encuesta del Dane, 8 de cada 10 ciudadanos consideran que estamos empeorando en este frente.

La miopía política del Presidente lo ha llevado a que mantenga sus lealtades con un grupo político que no representa la totalidad de los intereses nacionales y que lo ha conducido a un inevitable fracaso. También le ha hecho perder una oportunidad de oro para recomponer su gabinete. Y con esto no digo feriar entre los partidos las carteras ministeriales, me refiero, por el contrario, a integrar su equipo con personas idóneas y dotadas con capacidad de diálogo con los diferentes estamentos sociales y no solo con su gran elector “eterno”. Reciclar ministros o nombrar a sus mismos copartidarios no corresponde a lo que el país está clamando, es decir, recobrar la confianza en las instituciones sobre la base de consensos en los temas que verdaderamente afectan a la ciudadanía, tales como la paz, el empleo, la seguridad y el desarrollo económico sostenible. Darle la espalda a esa gran mayoría de colombianos lo único que promueve es uno y mil paros, una y mil censuras. No es satanizando a la oposición, ni a quienes desde la ciudadanía activa son capaces de enarbolar una opinión crítica frente a su gobierno, que se arreglan las cosas.

El Presidente ha debido darle un timonazo a su gobierno hace mucho rato, pero aún está a tiempo. Le quedan 33 meses de mandato, no todo está perdido. Eso sí, aplicar la misma receta que hasta ahora ha fracasado no le va a servir. Coyunturas críticas exigen medidas extremas. Se necesita casi que un borrón y cuenta nueva…

Ñapa: absoluto rechazo a cualquier insinuación de violencia en las manifestaciones del 21N, así como a las amenazas en contra del senador Roy Barreras tras las denuncias realizadas durante la moción de censura al exministro Botero.

GABRIEL CIFUENTES GHIDINI
Doctor en derecho penal, Universitá degli Studi di Roma. MPA, Harvard University. LLM, New York University. Máster en Derecho, Universidad de los Andes.
En Twitter: @gabocifuentes

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