La falsa disyuntiva entre la justicia y la paz

La falsa disyuntiva entre la justicia y la paz

Nuestro modelo de justicia transicional cumple con todos los estándares de la justicia internacional

21 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Mucho se ha discutido sobre el modelo de justicia transicional en Colombia. Se dice, por ejemplo, que su diseño obliga a renunciar a la justicia para poder garantizar la paz. Sin embargo, lo que no se ha logrado entender hasta el momento es que bajo los estándares del derecho internacional, y comparado con otros procesos de justicia transicional en el mundo, en el caso colombiano, dicha disyuntiva no existe. En otras palabras, nuestro proceso garantiza tanto la paz como la justicia.

Para poder entender la complejidad del modelo de justicia transicional colombiano, es necesario advertir dos premisas fundamentales: la primera es que la guerra es en sí misma la negación del derecho. En ella, el Estado no está en capacidad de garantizar el goce efectivo de los derechos ciudadanos, así como tampoco exigir sus obligaciones. La segunda premisa es que en situaciones de guerra, el derecho penal ordinario ha fracasado reiteradamente.

Justamente, ha sido el fracaso de la justicia penal ordinaria como instrumento de pacificación, lo que ha obligado, tanto en el derecho doméstico como en el internacional, la adopción de modelos de justicia transicional. Lejos de abrazar una idea retributiva de la justicia, se prefiere garantizar los derechos de las víctimas, esos mismos que el derecho penal ha sido incapaz de satisfacer.

El modelo de justicia transicional en Colombia ha logrado garantizar un sistema para que por fin se sepa la verdad de más de medio siglo de guerra

La experiencia comparada nos permite ver cómo el ejercicio del derecho penal ordinario en contextos de transición, no ha sido efectivo, contrario a lo que muchos señalan de manera infundada. Los tribunales de Ruanda y Yugoslavia, tras más de 20 años de operaciones, han investigado y sancionado a menos de 300 responsables sobre un total que supera los cientos de miles. Por su parte, la Corte Penal Internacional, a la que, de manera irresponsable y peligrosa, apelan quienes no están de acuerdo con el proceso de paz y la ponen como ejemplo de justicia infalible, ha juzgado a menos de una decena de criminales de guerra, en sus 15 años de vida.

Olvidan también los opositores del modelo de justicia transicional que 6 de cada 10 mecanismos usados históricamente para resolver conflictos armados han sido las amnistías, y que tan solo en contados casos se han establecido tribunales. Igualmente olvidan que ha sido el mismo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, quien es, a su vez, garante del derecho internacional, y la misma Corte Penal Internacional, los primeros en salir en defensa de la arquitectura de paz. Sí, así a muchos les cueste reconocerlo, nuestro modelo de justicia transicional no solo cumple a cabalidad con todas las normas de la justicia internacional, sino que es reconocido como una solución audaz que servirá de ejemplo para todos los procesos de paz hacia el futuro.

El modelo de justicia transicional en Colombia ha ido más allá de las obligaciones y estándares del derecho internacional. Ha logrado acordar un tribunal encargado de investigar, juzgar y sancionar a los máximos responsables de crímenes atroces; ha logrado garantizar un sistema para que por fin se sepa la verdad de más de medio siglo de guerra y reparar a más de 8 millones de víctimas. Ha logrado establecer las bases para prevenir que hechos crueles ocurran de nuevo.

Es entendible que la gente espere una justicia retributiva. Nos indigna que los criminales no pasen el resto de sus vidas en una cárcel. Pero con facilidad nos olvidamos de los derechos de las víctimas o del hecho de que un modelo como el que adoptamos en 2016, si bien no perfecto, le evitará a Colombia más víctimas en un futuro. Las decisiones de política criminal no pueden caer en discursos demagógicos, más aún sabiendo que a diferencia de todos los procesos de justicia transicional de los que Colombia ha sido testigo, el que tenemos hoy día está mejor diseñado no solo para investigar los delitos más atroces de nuestro conflicto, sino también para garantizar la verdad y la reparación de nuestras víctimas.

Por extraño que parezca, Colombia tiene un nuevo producto de exportación. Nuestro modelo de justicia transicional, tan atacado en el propio país, será modelo y referente internacional en las próximas décadas.

*Ph. D., Universitá degli Studi di Roma; MPA, Harvard University; LLM, New York University; máster en Derecho, Universidad de los Andes.

Sal de la rutina

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.