La Amazonia de Uribe

La Amazonia de Uribe

Más que protección de la Amazonia, parece el recurso de un líder cuyo legado se está desvaneciendo.

14 de noviembre 2020 , 10:41 p. m.

Hay formas de erosionar un caudal político y verlo convertirse en algo muy lejano de lo que fue y lo que pudo haber sido. En términos coloquiales equivale a borrar con el codo lo que se hizo con la mano, tal y como diría un viejo adagio popular. Eso es justamente lo que está haciendo, casi de manera intencional y autodestructiva, el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Es imposible descifrar si su incapacidad de apartarse de la vida pública sea producto del afán de mantener cualquier vestigio de poder, o un profundo miedo a que se conozca una parte de la historia reciente aún demasiado opaca. Sea como sea, no solo le está haciendo un profundo daño al sistema y debate democrático, sino que aviva la posibilidad de que se materialicen sus más profundos miedos: que pueda llegar al poder una persona como Gustavo Petro, que para él y todo su séquito es sinónimo del castro-chavismo. Porque, a decir verdad, si Uribe se dedicara a disfrutar de su pensión y de sus nietos, obligaría indefectiblemente al retiro de Petro de la contienda electoral. La verdadera gasolina del proyecto socialista en Colombia, paradójicamente, es el expresidente.

Su última propuesta es un referendo denominado Cuidemos la Amazonia. Un lector desprevenido podría pensar que se trata de una hoja de ruta para la protección de los ecosistemas forestales. Lejos de ser un pliego ambientalista, es una mezcolanza de ideas inconexas que tienen como último objetivo —aparte de su propósito electorero— esconder su verdadero y único propósito: reformar la justicia y derogar la JEP.

Además de su intención de eliminar las únicas instituciones que pueden destapar un oscuro pasado que dejaría, al parecer, muy mal parados a diferentes sectores políticos y económicos, la propuesta de referendo incluye otra serie de reformas. Entre ellas, pero no solo, la de incorporar un bono pensional, materializar la gratuidad educativa según el nivel de ingresos, reducción del Congreso, congelamiento de los gastos del Estado, el decomiso de la dosis personal, la prohibición de participar en política aplicada a los excombatientes, ¡ah! y la protección remunerada de los sistemas estratégicos de la Amazonia como último punto. Para alguien tan curtido en la política y en las lides legislativas, sorprende que pretenda tramitar vía un costoso referendo materias y asuntos que el Congreso, a través del ejercicio de sus funciones constitucionales, podría en su mayor parte debatir y aprobar.

Otro punto que llama la atención es que ese impulso democrático se podría ver reducido al plumazo presidencial. En efecto, uno de los puntos del documento señala que para la implementación del referendo se tendría que constituir una “comisión especial legislativa” de 30 senadores, en la que el Centro Democrático, por cociente electoral, aspiraría a tener la mayoría. De no lograr su objetivo al cabo de los seis meses después de aprobado, el presidente podría tramitarlas vía decreto. O sea, una suerte de salto al ejercicio del poder absoluto.

Ahora, supóngase que la propuesta del expresidente tomara vuelo y que efectivamente las fuerzas políticas que lo respaldan se le midieran al referendo que sugiere. En esa movida, además de atizar la actual y dañina polarización, se estaría jugando sus últimos cartuchos. Nada garantiza el apoyo que necesita. Incluso, en medios se ha difundido el rumor de que personalidades del Centro Democrático como Óscar Iván Zuluaga le habría sugerido a Uribe que desistiera de su intención de derogar la JEP vía referendo.

Lo que pasó en Estados Unidos con la elección de Biden debería comenzar a encender ciertas alarmas en los sectores moderados del partido del expresidente. Ya se vio cómo los impulsos e intereses personalistas de un líder pueden llevar a la descomposición de un partido y de sus opciones de poder. La imagen de Uribe ha venido cayendo a pique y cada vez son menos los que salen a defenderlo públicamente. Es así que el primer reto de la propuesta de referendo está en sus mismas huestes. Allí, el exsenador puede que se encuentre en la posición incómoda de entender que ya es hora de ceder el control y hacer una digna retirada.

El ambiente social y político no es el mismo que en 2018, y en momentos de campaña quienes se quieran mantener vigentes poco a poco irán desertando de quien otrora fuera su apuesta más segura para conservar el poder. El experimento de Uribe con Iván Duque no solo ha comenzado a cobrar sus efectos en la ciudadanía, agobiada cada vez más por la crisis económica y humanitaria, sino también en su mismo partido. A la derecha que aún se siente representada por el exmandatario bien le conviene comenzar a marcar distancia, y el primer paso es descartar de plano ese referendo que, más que la protección de la Amazonia, parece ser el último recurso desesperado de un líder cuyo legado se está desvaneciendo.

Ñapa: La desbandada de periodistas de la revista Semana es solo el anuncio esperado de un nuevo proyecto periodístico.

GABRIEL CIFUENTES GHIDINI@gabocifuentes

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