Secciones
Síguenos en:
Estamos secuestrados

Estamos secuestrados

Colombia sigue estando secuestrada por los intereses mezquinos de una clase política corrupta.

02 de octubre 2021 , 10:06 p. m.

El 23 de febrero del 2002, Ingrid Betancourt fue secuestrada por las Farc. Permanecería bajo el yugo criminal durante más de 6 años. Su historia le dio la vuelta al mundo convirtiéndose en la cara visible del drama que más de 21.000 colombianos padecieron a manos del extinto grupo guerrillero. Pero lo verdaderamente desgarrador es que, de alguna manera, como sociedad, seguimos estando todos secuestrados.

Tuve la oportunidad de entrevistar a Ingrid y de asistir al lanzamiento del libro 'Una conversación pendiente', que recoge un extenso diálogo entre la excongresista y Juan Manuel Santos. En medio de dolorosos recuerdos se reconstruyen los capítulos más significativos de nuestra historia reciente y se dejan al descubierto esas heridas que no hemos sido capaces de sanar.

Una de las conclusiones del encuentro, en palabras de Betancourt, es que Colombia sigue estando secuestrada por los intereses mezquinos de una clase política corrupta que no le permite al país avanzar en la senda del desarrollo y de las oportunidades. Esa misma clase política que se ha opuesto enfáticamente a los acuerdos de paz de La Habana y que no escatima esfuerzos para hacerlos trizas. Somos víctimas de un secuestro colectivo que se mide en la degradación del debate y que tiene capturados el futuro y el progreso de Colombia.

Seguimos secuestrados por las narrativas maniqueas que se nutren de la polarización para impedir la construcción de una paz que les resulta incómoda a los que han acuñado su poder político y económico a partir de la guerra y de la violencia. Esa misma dialéctica perversa nos ha arrastrado de manera infame a construir las relaciones sociales sobre la base del miedo, del odio y de la estigmatización del que piensa diferente. Las cadenas que siguen negando radicalmente nuestra libertad y que se sostienen sobre el fantasma de la violencia se han constituido como el principal obstáculo para poder avanzar en una reconciliación nacional y en la senda de un desarrollo social que reconozca las enormes deudas de un Estado históricamente ausente.

Quienes abanderan el falaz argumento de que la paz es ilegítima por el resultado del plebiscito –que, entre otras cosas, fue refrendado con ajustes por la Corte Constitucional, el Congreso y todas las instancias internacionales– pretenden conducir el debate a un punto ciego, desconociendo que lo pactado no solo promueve y defiende el derecho de las víctimas, también reafirma el compromiso del Estado de cumplir su promesa y materializar de una vez por todas la garantías fundamentales y constitucionales propias de un Estado de derecho. Mediante la síntesis simplista y acomodada de que la paz de Santos es una oda a la impunidad, un sector político –mientras hipócritamente pretende avanzar en una ley de amnistía general que lave sus propios pecados y lacras– busca acabar políticamente su legado a costa de las 9 millones de víctimas y, en general, del pueblo colombiano. Se intenta que abandonemos la ilusión de un proyecto colectivo que, por primera vez en nuestra historia, se ha demostrado capaz de corregir las inequidades sociales y de poder devolverles la dignidad a los ciudadanos y, por supuesto, a las víctimas.

También se encuentra secuestrado el gobierno de Iván Duque. De manera soterrada y manteniendo un doble discurso ante la comunidad internacional, está capturado por las voces más radicales y ciegas de su partido. Es inexplicable que, ante las Naciones Unidas, organismo que en todas sus instancias ha apoyado y reconocido los acuerdos de La Habana, en el ocaso de su mandato, declare que recibió un proceso de paz frágil. Inaceptable y contradictoria postura cuando ha sido su propia administración la que ha decidido reducir el presupuesto destinado a la materialización de los compromisos y ha buscado incansablemente, mediante objeciones y jugaditas parlamentarias, ponerle trabas a la implementación de los acuerdos. Baste recordar, entre otras, la engavetada de la ley de jurisdicción agraria, la renuencia a reconocer las curules para las víctimas, la incapacidad de proteger a líderes sociales o la aplicación de un plan tortuga a la restitución de tierras y a la sustitución de los cultivos ilícitos.

Este 2 de octubre se cumplen 5 años desde que el ‘No’ ganó en el plebiscito. Ese día nos secuestraron las mentiras sobre las cuales se edificó su campaña. Millones de colombianos fueron presa del odio y de la rabia propagada por líderes que aspiraban a que la gente saliera a votar “berraca”. Y hoy, después de un lustro, el país sigue capturado por esa irresponsable e infame intención de dividirnos en bandos. Nuestra mente y nuestra alma está en cautiverio, y no de manera fortuita. Hoy más que nunca exigimos libertad.

Me quedo con una inspiradora reflexión de Ingrid Betancourt ante el miedo que muchos expresan por los disparos que de manera constante se les hacen a la paz y a la reconciliación: “La paz está viva, porque la paz somos nosotros”. Ese “nosotros” es una realidad existencial y espiritual que nos constituye como personas dignas y libres que, justamente por serlo, abrazamos la paz como único cimiento posible de un proyecto de vida común.

Ñapa: se va destapando la nauseabunda podredumbre de otro capítulo de corrupción en Colombia ¿Seguirá Armando Benedetti siendo adalid de la Colombia Humana?

GABRIEL CIFUENTES GHIDINI
En Twitter: @gabocifuentes

(Lea todas las columnas de Gabriel Cifuentes Ghidini en EL TIEMPO aquí).

Más de Gabriel Cifuentes Ghidini

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.