Amanecerá en Colombia

Amanecerá en Colombia

Sociedad antes de la pandemia debe modificarse a partir de un consenso inteligente y sin extremos.

19 de septiembre 2020 , 11:47 p. m.

Es verdad que la mayoría de los colombianos tendría razones suficientes para cultivar el pesimismo generalizado que se vive por estos días. Sin embargo, la acumulación de acontecimientos que alimentan paulatinamente dicho sentimiento no son sino ese campanazo de alerta necesario para prender el motor de un cambio definitivo y estructural. En Colombia amanecerá, no todo está perdido. Las oportunidades y la esperanza están a la vista.

No cabe duda de que vivimos momentos muy difíciles. Hágase caso omiso de la pandemia, que ha empeorado todo, y resulta que el fondo y el trasfondo en Colombia son agobiantes. Solo habría que pensar en el recrudecimiento de la violencia, tanto en esa Colombia apartada que poco registran los medios como en las principales ciudades. Los abusos de la Fuerza Pública, sumados a la injustificable escalada de un insensato vandalismo, incrementan el miedo de los colombianos respecto de todos los actores, tanto oficiales como criminales. Eso sin contar las negras estadísticas de asesinatos de líderes sociales, excombatientes y ciudadanos que han perdido la vida en un número cada vez mayor de masacres.

Como si ello no bastase, el país es víctima de la inexperiencia de un gobierno que no ha sido capaz de responder ante las dificultades que impone la actual coyuntura. Pobres han sido los auxilios para millares de familias y empresas afectadas por la pandemia. Menos contundente aún la respuesta frente a la rampante corrupción. Ni qué decir de la ausencia de un giro visionario y pragmático que promueva más empleos, mejore la calidad de la salud y educación y que respete el medioambiente. Dicha agenda social se ha visto opacada por las ridículas peleas entre políticos que encuentran eco no solo en el cuadrilátero de las redes sociales, sino también en el mismo Palacio de Nariño.

Para rematar, muchos ciudadanos poco a poco se han transformado en los conductores de los intereses desviados de algunos políticos. Algunos confunden el diálogo con el insulto. El lenguaje de odio se ha convertido en regla general, tal y como lo indica la experta en comunicación política Laura Herrera. Ella misma fue víctima de más de 2.000 trinos amenazantes después de pedirle a Gustavo Petro en Twitter que manejara sus mensajes de manera responsable, para no atizar la violencia del 9 de septiembre. Laura es solo un ejemplo de los miles de ciudadanos linchados diariamente en redes sociales por parte de los seguidores y bodeguitas de políticos que, en vez de invitar al respeto por las ideas del otro, se aprovechan porque incendiar a su base es la única manera para mantenerse vigentes.

Ahora bien, por contraintuitivo que parezca, todas esas razones que hoy justifican el contagioso virus de pesimismo social serán la principal motivación de una transformación positiva en el país. Cada día, más y más gente busca razones para sembrar esperanzas. El cansancio hacia los mismos y lo mismo de siempre es latente.

El cambio esperado no se logra de un día para otro. Es el resultado de un proceso largo de maduración que por fortuna se inició hace ya algunos años. A pesar de haber perdido las elecciones de 2010, la ola verde, montada sobre un discurso propositivo y alineado con el principio de la sacralidad de la vida y los recursos públicos, significó la activación de una ciudadanía desconectada de las estructuras tradicionales de poder. Este experimento tuvo un resultado transformador. Una década más tarde, 1 de cada 4 votos en Colombia se alineó con propuestas alternativas. Los principales centros urbanos, comenzando por Bogotá y Medellín, lograron lo impensable venciendo maquinarias. A juicio de muchos, las elecciones locales fueron la antesala de una renovación que se anuncia para el 2022. La crisis que vivimos actualmente tal vez sirva de catalizadora de un cambio inevitable que marcará la radical diferencia entre el pasado y el futuro renovado de Colombia.

Amanecerá en Colombia y todo apunta a construir sobre lo construido, pero más y en profundidad. El Estado social de derecho no es una mala idea si es efectivo. La policía es necesaria, pero si se conecta con la comunidad y la protege de verdad. El empresariado es indispensable, pero si crea valor y asume en serio su cuota de responsabilidad social y ecológica. La propiedad es un derecho, pero el círculo de propietarios tanto de bienes básicos como de capital debe ampliarse. La salud y la educación son un derecho, pero si no se asegura su calidad y su accesibilidad universal se seguirá fracturando el estatuto de una ciudadanía igualitaria. La seguridad social, la tecnología, el trabajo, la agricultura, la industria, la infraestructura, la tributación, en fin, todas las esferas de la vida social y política tendrán que ser en mayor o menor medida sistemáticamente replanteadas con el fin de tener una mejor sociedad y una vida digna. La pandemia ha puesto una frontera. La sociedad de antes de la pandemia es la que debe modificarse a partir de un consenso inteligente y razonable, sin acudir a extremismos. ¡Amanecerá!

Ñapa: La carta en la que las Farc piden perdón por el delito de secuestro es un primer paso para honrar el compromiso con la verdad que exigen las víctimas y la ciudadanía. No es suficiente, pero por ahí es la cosa.

GABRIEL CIFUENTES GHIDINI
En Twitter: @gabocifuentes

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