Una frase de cajón

Una frase de cajón

La educación debe tener mucho más de política que de técnica.

04 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

En documentos, conferencias y discursos se repite siempre que la educación es un asunto de todos, y así es. Lo que no está bien es creer que una vez pronunciada y publicada una convicción está cumplida la tarea: es cuando la frase va al cajón.

Los seres humanos no cesan de aprender desde el día en que nacen hasta el día en que mueren. Y es gracias a la educación que todo lo que les acontece tiene la marca particular de la cultura que los rodea: aunque el nacimiento biológico sea el mismo, en cada cultura está rodeado de significados diferentes, y a partir de ahí la crianza, la lengua, los hábitos de alimentación y las relaciones entre los miembros de la comunidad van modelando esa humanidad particular que genera identidad y pertenencia.

Más allá de los indicadores y las competencias, de las pruebas estandarizadas y los índices de calidad, se trata de ofrecer a los niños y jóvenes un sentido en la vida, un conjunto de valores que los hagan parte activa de un conglomerado humano y un repertorio de comportamientos y aprendizajes que les permitan realizar aquellas capacidades individuales y colectivas que fortalezcan su identidad.

Se trata de ofrecer a los niños y jóvenes un sentido en la vida, un conjunto de valores que los hagan parte activa de un conglomerado humano.

Esto no puede ser una tarea aislada de la familia, de la escuela o de la universidad. Hoy, los medios de comunicación, los entornos laborales, el espacio público o los mundos virtuales juegan un rol definitivo. Cada uno de estos ecosistemas sociales tiene un gran peso en la educación de las personas, pero el problema es que lograr eficacia cultural supone combinar armónicamente los intereses diversos de todos los actores, y este debería ser el principal rol del Estado para generar políticas coherentes. Entre otras cosas, porque la educación debe tener mucho más de política que de técnica.

Es evidente que una educación de calidad requiere contar con un buen currículo, maestros cultos y de alto nivel profesional, universidades e instituciones técnicas sintonizadas con el mundo empresarial, centros de investigación y empresarios comprometidos con la creación de puestos de trabajo atractivos y que requieran mayores niveles de formación académica. Desde luego, se necesita que el Estado entienda que todo esto tiene que respaldarse con recursos suficientes, especialmente dirigidos al mejoramiento de la educación pública.

Por eso, no es sensato repetir siempre la misma práctica de abordar cada problema y cada interlocutor por aparte sin propiciar que todos los implicados se sienten juntos a reconocerse y proponer soluciones comunes. Dicen que “locura es hacer lo mismo siempre esperando obtener resultados diferentes”.

Con razón, la Unesco define el currículo como “un acuerdo político y social que refleja una visión común de la sociedad, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, las necesidades y expectativas locales, nacionales y mundiales. En otras palabras, el currículo encarna los objetivos y propósitos educativos de una sociedad. Por lo tanto, los procesos contemporáneos de desarrollo y reforma del currículo conllevan cada vez más debates públicos y consultas con una amplia gama de interesados”.

Tradicionalmente, el Ministerio de Educación ha tenido como principales interlocutores a las organizaciones del magisterio, las asociaciones de universidades y, eventualmente, las de colegios privados, pero no interactúa de forma frecuente e institucional con gremios económicos, organizaciones de la sociedad civil y con los partidos políticos, con el fin de construir agendas de largo plazo y no simplemente responder a las urgencias coyunturales.

En Perú, por ejemplo, existe el Consejo Nacional de Educación que coadyuva al diseño de la política pública con participación de exministros, expertos, representantes del magisterio, la educación superior y los gremios económicos. Sería importante, en el ambiente de diálogo social que propone el Gobierno, estudiar alguna fórmula similar a esta.

FRANCISCO CAJIAO
fcajiao11@gmail.com

Columnistas

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