¿Qué cosa es la independencia?

¿Qué cosa es la independencia?

El concepto de independencia sigue siendo bonito pero cada vez menos real.

22 de julio 2019 , 07:00 p.m.

Mientras escuchaba los aviones sobre la ciudad el 20 de julio, me preguntaba sobre la independencia, porque una cosa fue haber sacado a sombrerazos a un monarquilla español con sus ejércitos y leyes de ultramar, tras años de guerras sanguinarias, y otra, decir que nos hicimos verdaderamente independientes como nación.

No me meteré ahorita en las mil historias del siglo XIX, ni en los compromisos que se generaron con quienes ayudaron a dar la lucha liderada por Bolívar ni en los intereses que guiaban a estos socorristas de la libertad. Para eso están los historiadores.

Lo que conviene preguntar es por esa independencia actual, celebrada con aviones y helicópteros comprados a Estados Unidos, así como la mayor parte de las armas exhibidas en el desfile –que siempre es muy instructivo–. Buena parte de nuestras fuerzas se destinan a protegernos de la descertificación de quien nos provee el material bélico, excluyendo los soldados, que los ponemos nosotros. Pero también defendemos a como dé lugar que nuestras dependencias se mantengan sanas, porque nuestra salud económica depende de Europa, China y otros países de América Latina a los cuales se debe garantizar que nos portamos bien, que no les queremos mandar coca ni marihuana, que tratamos de evitar que la gente mala de aquí se vaya para allá, a no ser que la pidan sus jueces.

En realidad, los seres humanos somos esencialmente dependientes o, mejor aún, interdependientes

Para ser justos, también algunos de ellos dicen depender de nosotros. En teoría, el problema de millones de jóvenes adictos a toda clase de drogas (especialmente sintéticas), la corrupción de sus jueces, sus policías, sus traficantes se supone que son culpa nuestra por los miles de hectáreas cultivadas de coca.

Me parece que el concepto de independencia sigue siendo bonito pero cada vez menos real, tanto en la vida colectiva como en la individual. En realidad, los seres humanos somos esencialmente dependientes o, mejor aún, interdependientes. La independencia como ideal consiste en creer que uno puede ser libre de influencias y condicionamientos ajenos a la hora de decidir sobre su propia vida, que no se le debe nada a nadie, que cuando se toma un camino se puede prescindir de afectos, fastidios o emociones estrictamente ligadas a otras personas.

La realidad es que cada acción diaria está marcada por los compromisos que hacemos con otras personas –para no entrar ahora al tema de las mascotas, que parecen lograr más puntos– por razones tan diversas como el miedo, el amor, el respeto o la diversión. Dependemos de muchos si queremos jugar fútbol el domingo, dependemos del estado de ánimo de la pareja si queremos hacer el amor, dependemos del jefe si se nos ocurre un proyecto interesante. Y todos ellos dependen de nosotros, de nuestro compromiso, responsabilidad, capacidad, disciplina.

No sé, entonces, como educador, qué significa formar niños y jóvenes independientes. Lo digo porque siempre he sostenido que ese debe ser un propósito de la educación. Ahora, pensándolo mejor, tal vez habría que hablar de gente sanamente interdependiente. Es decir que podamos escoger con lucidez qué dependencias asumimos para crecer y progresar con otros, en forma solidaria, y qué dependencias somos capaces de rechazar radicalmente o modular para que no nos destruyan. Quizá el concepto de autonomía sea mejor, utilizado a la manera contemporánea de los vehículos autónomos, que toman sus decisiones basados en inteligencia artificial, pero a partir de centenares de instrumentos que establecen su dependencia de lo que sucede en la vía, de los demás vehículos y peatones, de los semáforos, etc., orientados con claridad a llegar seguros a un destino.

Tal vez lo que no quisiéramos es, justamente, niños y adolescentes tan independientes que resulten indiferentes a todo lo que ocurre a su alrededor, que no tengan en cuenta lo que sienten otros, lo que afecta a su familia o lo que significa asumir responsabilidades que de un lado limitan, pero por el otro son la única forma que permite crecer.

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