Nos está dejando el tren

Nos está dejando el tren

No podemos eludir más este reto, el atraso será espantoso en una sociedad basada en el conocimiento.

02 de octubre 2018 , 12:00 a.m.

La semana pasada participé en un ciclo de conferencias organizado por la Casa de América en Madrid, cuyo tema era los nuevos paradigmas en educación. Los otros invitados fueron Marta Encinas-Martin, jefa de programa de la Ocde, y Francesc Pedró, jefe del Área de Políticas Sectoriales de la Unesco.

Al escuchar lo que viene sucediendo en otras partes y ver las tendencias comunes entre ellos, es inevitable preocuparse por la dinámica de nuestra educación básica y media, porque vamos por un camino muy diferente y pareciera que nos ocurre lo que a esos ciclistas que en un gran tour, y a pesar de sus enormes esfuerzos, de repente toman una vía equivocada y quedan fuera de la competencia.

Finalizando el gobierno pasado, el Ministerio de Educación intentó abordar la discusión curricular en una comisión bien intencionada, pero completamente marginal, como si el currículo fuera apenas un detalle técnico de segundo orden, sin entender que este es el corazón de todo el sistema de educación básica. El currículo, entendido como lo define la Unesco, es un gran acuerdo político sobre la clase de ciudadano que se quiere, la identidad que se debe fortalecer y construir, y las capacidades de desarrollo productivo individual y colectivo que se requerirán en el mediano y largo plazo.

El currículo, entendido como lo define la Unesco, es un gran acuerdo político sobre la clase de ciudadano que se quiere.

Estos no son resultados que se consiguen a dos meses de terminarse un gobierno que, además, tenía una aceptación muy precaria. Este gobierno tiene la oportunidad de enfrentar el tema ahora, involucrando en la discusión a muchos actores sociales que hacen parte de la solución. Una verdadera reforma educativa como la que necesitamos debe contar con los maestros como partícipes de primera línea, pues hay abundante evidencia de que reformas hechas por expertos, a espaldas de quienes tienen que llevarlas a la práctica, son un fracaso.

Además, tienen que participar universidades, empresarios y representantes calificados de los partidos políticos y las regiones, porque política y educación son inseparables. Sobra decir que no se trata de hacer unos pequeños ajustes para mejorar un poquito en las pruebas de lectura y matemáticas ni introducir una cátedra aquí y otra allí para suplir falencias o satisfacer caprichos parlamentarios. Es posible que una discusión profunda como esta lleve más de cuatro años, pero nos estamos jugando un lugar en el mundo para los próximos sesenta.

Por todas partes en Europa, Australia, los países nórdicos y el sureste de Asia se multiplican los colegios que dan a los estudiantes la oportunidad de aprender sobre el mundo en el que viven hoy, lleno de complejidades sociales, científicas, tecnológicas y culturales. Para ello han ido modificando los currículos, la arquitectura, la formación de los maestros y, sobre todo, los imaginarios sobre lo que debe ser la educación básica.

No podemos eludir por más tiempo este reto, porque el atraso será espantoso en una sociedad basada en el conocimiento. Avanzar muy lento y en una dirección incorrecta, mientras otros son veloces y acertados, significa quedar cada vez más atrás. Y es claro que el liderazgo, en este caso, debe estar en las más altas autoridades, por tratarse de un asunto esencial de política de Estado.

Los países del sureste asiático comenzaron a prepararse para el siglo XXI desde la década de los 90 con grandes y ambiciosas reformas educativas (Malasia y Tailandia, 1991; Corea del Sur, 1995; Taiwán, 1996; Singapur y Hong Kong, 1997). Es claro que en todos ellos se ha tenido como palanca una fuerte raigambre cultural que da gran valor a la educación y profesa un alto reconocimiento por sus maestros, razón por la cual ningún modelo puede ser importado como si fuera un electrodoméstico. Pero eso no significa que se deba renunciar a un cambio cultural, así nos resulte más dispendioso y exija involucrar a muchos sectores sociales en la búsqueda de soluciones.

FRANCISCO CAJIAO
fcajiao11@gmail.com

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