Los maestros y las familias

Los maestros y las familias

Lo que más se aprenderá no será la matemática ni el inglés, sino la manera de salir adelante juntos.

27 de abril 2020 , 06:00 p.m.

Nunca como ahora hubo una relación tan estrecha entre familias y maestros. Digo ‘maestros’ y no ‘instituciones educativas’, pues los estudiantes, padres y madres hacen parte de ellas y son quienes le dan sentido a su existencia.

Que la educación es una tarea conjunta de la familia, la sociedad y el Estado es una frase que se recita como esos versos del himno nacional que sabemos pero nos cuesta explicar lo que significa una “gloria inmarcesible”, o por qué “la Virgen los cabellos se arranca en agonía”. Pues bien, el coronavirus nos está ayudando a entender al dejar encerrados en sus casas a niños, padres, abuelos y mascotas durante un largo período que incluye época escolar.

Lo usual ha sido que los padres acudan a los colegios tres o cuatro veces al año, a reclamar informes y calificaciones. Además, van más las madres que los padres. También se cita a algunos cuyos hijos presentan problemas de disciplina, aprendizaje o simple y llana vagancia. Esto para no mencionar los llamados a ponerse al día con obligaciones económicas en los privados. Las instituciones invitan a conferencistas que pueden orientar a las familias, y se suele constatar que asisten los que menos las necesitan, pues son los más preocupaos y diligentes.

Cosa distinta son aquellos padres y madres que frecuentan los colegios no para ayudar, sino para quejarse por el trato que se dispensa a sus hijos, la mala calidad de la alimentación, el bajo nivel académico o la indisciplina que se expresa en situaciones de matoneo. Cada familia espera cosas distintas del colegio, y eso ha hecho cada vez más tensas las relaciones con directivos y maestros.

Ahora, de pronto, estas relaciones se han cambiado de forma abrupta. Los niños y adolescentes están día y noche con sus padres, y ellos deben hacerse cargo de sus comportamientos, mientras los maestros se ocupan de encontrar formas de llegar a los chicos y chicas a través de herramientas que en muchos casos no conocían y están tratando de aprovechar por el único camino posible, que es el de ensayo y error. Por supuesto, hay tanto aciertos como errores y así lo tenemos que asumir por un tiempo que quizá sea más largo de lo que nos gustaría.

Lo importante será averiguar lo que de verdad estamos aprendiendo. Sé que hay colegios que pretenden que nada cambió y hacen clase presencial por computador con los mismos horarios de antes y hasta con uniforme. Esos no han entendido nada e incurren en una negación casi risible. Al otro lado hay una gran cantidad de familias que no tienen ninguna posibilidad de conectarse con los maestros porque no disponen de equipos ni conectividad. Pero en la mayoría de los casos se están fortaleciendo vínculos y se están haciendo aprendizajes de colaboración entre padres, madres, niños y maestros que nunca se habían experimentado. El Estado, a través del ministerio y las secretarías de Educación, ha desplegado todas las ayudas pedagógicas que han sido posibles en tan corto plazo, y muchas empresas, universidades y entidades regionales están ayudando a reforzar estos apoyos.

Pero lo que más se aprenderá en estos tiempos raros no será la matemática, la gramática o el inglés, sino la manera de salir adelante juntos, superando un reto de supervivencia planetaria. Claro que se podrá aprender mucha geografía si averiguamos dónde están sufriendo como nosotros, y se podrá aprender de política si se compara el comportamiento de los gobiernos, y de matemática si se entienden las curvas de contagio... y, además, habremos aprendido a cocinar, a participar en las tareas domésticas, a controlar emociones.

Los padres y las madres, sobre todo de los más pequeñitos, deben entender que esto es lo importante, en vez de pedir que los colegios les manden más y más tareas para tenerlos ocupados, liberándolos de un esfuerzo de imaginación.

Francisco Cajiao
fcajiao11@gmail.com

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