Lo jamás imaginado

Lo jamás imaginado

La situación dejará el cuestionamiento de la presencialidad como norma máxima del proceso educativo.

30 de marzo 2020 , 07:47 p. m.

Desde hace no menos de quince años se repite por todos lados la necesidad de transformar nuestro sistema educativo, incorporar de manera eficaz las nuevas tecnologías en la cotidianidad escolar y aprovechar todos estos recursos para mejorar las oportunidades de aprendizaje de nuestros niños y jóvenes.

En el intento de hacer todo esto real se han desarrollado programas que incluyen dotación de computadores a los colegios, formación de muchos maestros en las nuevas tecnologías y, más recientemente, distribución de tabletas en centros educativos por cuenta del Ministerio de las Tic. De otra parte, y al margen de cualquier planificación o uso productivo orientado por las autoridades educativas, han proliferado los teléfonos móviles, que son parte fundamental de la vida de miles de adolescentes de todos los niveles sociales: son sus cámaras de fotografía y video, sus herramientas de consulta, su centro de comunicaciones, su pasarela de exhibición y la caja inagotable donde resuelven sus necesidades de compañía o de información.

Todos sabemos desde hace tiempo que con los buscadores se puede explorar cualquier inquietud, conocer países, escuchar música, recorrer museos, aprender matemáticas, ciencias naturales, idiomas. Con un aparato y una conexión a internet se puede hacer gimnasia, aprender a bailar, tomar cursos de pintura y, además, comprar los materiales sin necesidad de movernos de la casa.

Lo que no estaba en las cuentas de nadie era que de pronto todo el sistema educativo, desde el jardín de infantes hasta las universidades, tendrían que hacerse virtuales. Literalmente, de un día para otro, se decretó el sábado para cumplirse el lunes.

Rectores, maestros, padres y madres, autoridades locales y nacionales se levantaron un día lunes y el mundo se había puesto patas arriba. Ahora se debían enviar actividades, grado por grado, sin que antes se hubieran diseñado programas, materiales, módulos interactivos o aplicaciones específicas. En un abrir y cerrar de ojos tuvieron que pensar en sus estudiantes y en la forma como podrían ellos por su cuenta aprender a resolver problemas de matemáticas, buscar información, practicar inglés o aplicarse a alguna actividad física sin tener ningún control sobre su tiempo, pero tampoco preocupación por la disciplina o la convivencia.

Rectores y directivos se han tenido que reinventar en cuestión de horas para reunirse, orientar y acompañar a los maestros y evaluar, día a día, el proceso con sus logros y dificultades.

Sin duda, esta semana ha sido de un valor enorme para cada quien, lo cual no significa que ese valor tenga siempre signo positivo. No es bueno para los niños que no disponen de las herramientas tecnológicas apropiadas, o de las conexiones necesarias para aprovechar el universo de oportunidades que se les abre en la red. Tampoco se dirá que ha sido la mejor experiencia para familias numerosas en las que niños y padres comparten un equipo para trabajar y estudiar. Ni qué decir de los maestros que en esta última década decidieron que la tecnología no era para ellos y prefirieron hacer las cosas como siempre se habían hecho. Sin embargo, habrá aprendizajes y éxitos individuales y grupales que deberían recogerse muy pronto porque esta oportunidad no se repetirá.

No hay duda de que en esta situación todos los trabajadores de la salud son fundamentales, pero a su manera también los maestros, pues de ellos depende en altísimo grado que la inteligencia de las nuevas generaciones se mantenga activa a pesar de todo y que este confinamiento forzoso se convierta en una nueva oportunidad.

De este enorme experimento social, nunca imaginado, también saldrán lecciones fuertes: niños, jóvenes o familias que pongan en duda la escuela; maestros que descubran caminos totalmente nuevos para el desarrollo de su labor; y, desde luego, el cuestionamiento de la presencialidad como norma máxima del proceso educativo.

Francisco Cajiao
fcajiao11@gmail.com

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