La identidad de los maestros

La identidad de los maestros

Lo que se espera de quienes ejercemos la pedagogía ha cambiado radicalmente.

05 de agosto 2019 , 07:46 p.m.

Construir una identidad siempre será un quebradero de cabeza. No es algo que venga establecido en la herencia genética ni que puedan regalarnos el día en que cumplimos los 5, 10 o 15 años. La ardua tarea de la vida es ir averiguando quiénes somos, cómo nos ven los otros, para qué servimos y qué buscamos, de manera que las actividades cotidianas adquieran sentido más allá de la simple y básica supervivencia.

Siempre he vivido y respirado en el gran ecosistema de la educación, que incluye aulas escolares y universitarias, pero también familia, religión, política, medios de comunicación y todas las manifestaciones comunitarias a través de las cuales se van implantando comportamientos, creencias, pensamientos y saberes. En este gran escenario en el que nos hacemos humanos poco a poco, las escuelas se crearon para la transmisión de la cultura, y lo más importante en ellas fueron los maestros.

Quienes representan esa identidad paradigmática la han construido en el diálogo con las generaciones más jóvenes, buscando siempre mejores maneras de acompañar a otros en la pasión por el conocimiento, batallando con las mil contradicciones entre la libertad y la disciplina, el rigor de la ciencia y la intuición creadora, los retos individuales y las búsquedas colectivas… Durante mucho tiempo, el maestro fue uno de los más importantes miembros de la comunidad, y su autoridad en el ejercicio de sus funciones no era cuestionada.

También se debe lidiar con una variedad de valores, creencias y criterios de las familias y de los propios estudiantes que hacen trizas la autoridad moral que antes era sagrada

Pero el mundo ha dado muchas vueltas en las últimas décadas y lo que se espera de quienes ejercemos la pedagogía ha cambiado radicalmente. Los gobiernos quieren niños competentes, adolescentes que lean, escriban y piensen de manera que les vaya bien en pruebas internacionales. Para eso se requieren maestros eficientes, capaces de conseguir resultados con currículos abultados y grupos numerosos de diversidad creciente.

A esto se suma la revolución de los medios de información y comunicación, que, al alcance de cualquiera en un teléfono móvil o en un computador, ponen en entredicho lo que hasta hace un par de décadas eran verdades indiscutibles impartidas en las aulas escolares. Pero también se debe lidiar con una variedad de valores, creencias y criterios de las familias y de los propios estudiantes que hacen trizas la autoridad moral que antes era sagrada.

La mezcla de todos estos cambios comienza a afectar a quienes ejercen la docencia escolar. Cada vez hay más alertas sobre los índices de consulta psiquiátrica de los educadores. El deseo de estudiar la profesión no aparece en los jóvenes más brillantes. La insatisfacción de quienes la ejercen se replica de un país a otro. Podría decirse, parodiando a Freud, que el malestar de la cultura se expresa hoy en las aulas con una fuerza inédita.

Esta preocupación, alimentada por años de interacción con maestros de muchas partes, me llevó a escribir un ensayo titulado ‘La identidad de los maestros ante el cambio social’, publicado por la Editorial del Magisterio. El subtítulo es quizá más diciente: ‘Viviendo entre marcianos’. Esta sensación de extrañeza, de dificultad para entender si nuestro rol es de formación intelectual, de recreacionistas o de propiciadores de felicidad ante unos niños y adolescentes cada vez más apáticos, más inmersos en los medios digitales y menos dispuestos a seguir instrucciones, genera unas barreras de comunicación que todavía no aparecen en las propuestas de calidad.

Creo que, aguas arriba, las facultades de educación deben cuestionar seriamente la formación que hoy se ofrece a quienes deberán ejercer una profesión tan importante y tan compleja por su intrincada relación con todas las manifestaciones culturales.

Quizá la clave es ir más allá de los licenciados en disciplinas académicas para incursionar en la formación de maestros cultos, capaces de ayudar a sus estudiantes a descubrir su identidad, reto mucho más difícil que resolver ecuaciones y redactar textos.

fcajiao11@gmail.com

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.