El imperativo de innovar

El imperativo de innovar

No es posible que el país progrese sin cambios profundos en la estructura de la educación primaria.

14 de octubre 2019 , 10:34 p.m.

En días pasados escuché con mucho agrado las declaraciones de la Ministra de Educación sobre los avances del sector en este último año. Además de las informaciones de rigor sobre incremento presupuestal y el cumplimiento de compromisos pactados con docentes y universidades, se refirió al propósito de avanzar de manera seria en un mejoramiento de la educación básica primaria, incorporando el criterio de atención integral, que ya se viene construyendo en el tramo de la educación inicial.

Este es un asunto de la mayor urgencia, pues la última década muestra que los esfuerzos realizados en materia presupuestal –dirigidos en su mayoría a nivelación salarial de los maestros, plan de alimentación y desarrollo de infraestructura– no inciden de manera evidente en el desarrollo personal y académico de los niños. Eso se puede observar no solo por los muy modestos progresos en las pruebas que hace el Icfes, sino por las tasas de repetición y deserción que todavía se observan. Para no hablar de por qué no llegan a la universidad.

Así como la ausencia de una atención adecuada en los primeros cinco años de vida de los niños presagia dificultades escolares en la primaria, las oportunidades educativas de esta etapa que va de los 6 a los 11 años se convierte en barrera o catapulta para lo que las personas puedan hacer en su proceso educativo de ahí en adelante.

Ya ha quedado claro, por fortuna, que la educación inicial no se agota poniendo a los niños al cuidado de adultos sin preparación que les den de comer y eviten que tengan accidentes. Estudios muy serios muestran que las grandes brechas sociales se inician en los primeros tres años de vida y que mientras más pequeños los niños requieren de personal más preparado para su atención. En los últimos años se avanzó muchísimo en esto, al menos en la política pública, y se sentaron las bases para diseñar procesos y rutas de atención integral. Digo que al menos en la política, pues todavía hay mucho trecho para llevar las ideas a la práctica, incluso en distinguidos y costosos jardines privados.

Ahora le toca el turno a la primaria, que en muchas partes sigue pareciéndose demasiado a la de mediados del siglo pasado. No es posible que el país progrese y consolide su democracia y su desarrollo sin cambios muy profundos en la estructura de este ciclo escolar.

Está bien insistir en la expansión de la jornada única si ella contribuye a mejorar las condiciones de protección de centenares de miles de chicos que en la actualidad están bastante solos buena parte del día. Pero es claro que con los horarios actuales este objetivo no se cumple, pues las dos horas que se adicionaron por decreto, comenzando a la madrugada, no son pertinentes para este propósito.

El otro objetivo es conseguir que en ese modesto tiempo adicional mejore el aprendizaje, pero con un modelo curricular completamente anacrónico, compuesto por una lista de diez a doce asignaturas y maestros con muy precaria formación inicial en matemáticas, ciencias y lenguaje se podrá invertir todo el presupuesto nacional sin que al final nada cambie.

Tampoco el Ministerio de Educación o cualquier institución individual están en capacidad plena de dar soluciones acertadas para la inmensa diversidad del país. Pienso que es impostergable buscar una manera de estimular que los cambios y las innovaciones que atiendan de manera integral y sensata la educación primaria deben gestarse en los colegios, en los municipios, en los departamentos. Así estaba previsto cuando se estableció el PEI, como carta de navegación de las instituciones educativas.

Esta columna no es suficiente para profundizar en el análisis y las sugerencias, pero me atrevo a pensar que quienes están al frente del sector en la actualidad entienden el problema y podrán idear formas de alentar cambios verdaderamente importantes.

FRANCISCO CAJIAO
fcajiao11@gmail.com

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