El eterno problema de la evaluación

El eterno problema de la evaluación

No vivimos en función de que nos estén poniendo notas numéricas para cada proceso que hacemos.

26 de mayo 2020 , 12:11 a.m.

No habían pasado quince días de cerrar los colegios y quedar merced de computadores, teléfonos móviles y tabletas que nunca habíamos usado de manera intensiva como único vehículo educativo, cuando ya estaba en primera plana el problema de la evaluación, las notas, los informes y especialmente la pregunta sobre pérdidas de año y otras consecuencias de la pandemia en la inteligencia nacional.

Esto refleja la perversión de nuestros imaginarios sobre el aprendizaje y el conocimiento, pues pareciera que ninguna niña, niño o adolescente gastaría un minuto de su vida en aprender, a no ser bajo coerción y amenaza. Muchos padres y maestros están más interesados en las notas que en la evaluación, pues ellas les otorgan un enorme poder para mantener a raya a quienes se resistan de algún modo a sus enseñanzas, sea por rebeldía o por cualquiera de los centenares de motivos que dificultan el aprendizaje.

Evaluar y calificar son dos cosas muy diferentes. La evaluación es un ejercicio permanente y cotidiano en todos los planos de la vida, pues refleja una necesidad de conformidad entre una situación real y una esperada. Pero, además, implica una reflexión sobre los pasos a seguir para superar los problemas que impiden conseguir el resultado que se desea en cualquier aspecto de la vida.

La gente evalúa su estado de salud cuando se siente indispuesta, confronta ante el espejo su aspecto cuando quiere impresionar a alguien, se pregunta qué pasó cuando algo en la cocina le sale mal... y, por supuesto, se confronta intelectualmente cuando es difícil comprender un problema o realizar bien un procedimiento que requiere un alto grado de experticia. Pero eso no significa que todos vivamos en función de que alguien desde afuera nos esté poniendo notas numéricas para cada proceso que hacemos. Esto lo saben bien los maestros que se han negado rotundamente a evaluaciones similares a las que ellos aplican a sus estudiantes, lo cual no significa que dejen de revisar sus prácticas pedagógicas con todas las mejoras que ellas requieren.

La evaluación que nos ocupa ahora es, antes que nada, una identificación lo más precisa posible de los aprendizajes que los estudiantes han logrado en este tiempo, pero sobre todo de las dificultades más relevantes que están afrontando. Eso tiene que ver no solo con los temas propuestos por los maestros, sino con las condiciones en que los chicos se encuentran. Pero también con el reconocimiento honesto de que muchos materiales enviados no son los mejores, de que la carga de actividad pudo ser excesiva, de que las familias han hecho lo posible por ayudar pero no siempre lo lograron, etc.

Evaluar ahora es más importante que nunca. Es el momento de llevar a la práctica todos esos discursos de integralidad de los que alimentamos foros y congresos, y que ocupan párrafos enteros de los planes de desarrollo. Cosa distinta, y que en estas circunstancias constituye un imperativo ético de la profesión, es que no podemos usar criterios iguales para cientos de miles de niños que han estado durante meses en condiciones completamente diferentes.

En esta desigualdad, los que han llevado la peor parte son los más pobres. ¿Será ético que, además, se les venga encima a ellos y a sus padres la noticia de que también perdieron el año? ¿Aceptarían los maestros que se los evalúe y sancione dependiendo de la calidad, oportunidad y cobertura con que hayan cumplido su tarea en este tiempo, a sabiendas de las dificultades que han tenido para trabajar en condiciones desconocidas?

Lo mejor que podríamos sacar de todo esto, como en un naufragio, es lograr que todos aprendan tanto como sea posible, que las notas pierdan todo su valor y esa energía la traslademos a asegurar que al regresar a las aulas, todos los niños sientan la importancia de ayudarse para poder decir que aprender juntos con entusiasmo fue la mejor experiencia de su vida.

FRANCISCO CAJIAO
fcajiao11@gmail.com

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