El alumno dilecto

El alumno dilecto

Suele suceder que los elegidos resultan más radicales que sus líderes.

18 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

Es larga la historia de quienes han dedicado su vida –hasta el sacrificio– a imitar a su maestro. Esta forma de relación no ha sido exclusiva de las religiones, pues aparece en el ámbito de la política, las sectas ocultas, ciertas corrientes de pensamiento o en las bandas ilegales organizadas.

El dilecto alumno siente que todo lo debe a su maestro: es su obra, su alter ego, su elegido para perpetuar el legado que cree haber fabricado gracias a una especie de llamado del más allá o de la historia. Por eso no suelen ser los maestros de escuela o los profesores universitarios, cuya razón les indica que la duda y la incertidumbre son la base para avanzar en el conocimiento, quienes procuran multiplicar clones que prolonguen sus propias obsesiones y delirios.

Quienes pensaron que Duque sería un mero títere de Uribe se equivocaron. Es peor: quiere mostrar que es su mejor discípulo.

A los que me refiero son de otra naturaleza: no son los que enseñan en las aulas, sino los que se presentan como ejemplo y paradigma, dueños de toda verdad y virtud, y, por tanto, se han ganado el derecho a gobernar a los humanos ignorantes, imponiendo sus creencias como dogma universal. Ellos no necesitan acudir a un recurso distinto que la reverente y convencida sumisión a sus pensamientos y caprichos, y seguirlos sin consideración ni réplica es la prueba máxima de filiación, éxito y perpetuación.

Suele suceder que los elegidos resultan más radicales que sus líderes, buscando no solamente cumplir con el libreto doctrinario de la secta (de ahí viene sectario), sino tener iniciativas que superen lo esperado con el fin de conseguir el gesto de aprobación de quien ha hecho posible su saber, su ser, su hacer y, sobre todo, su poder. Cualquier desvío es una traición duramente castigada.

Eso es lo que ha logrado el que sus áulicos llaman presidente eterno. Algunos de sus elegidos, por hacer más méritos, terminaron en la cárcel, para hablar solo de los que antes habían sido rectos.

Quienes pensaron que Duque sería un mero títere de Uribe se equivocaron. Es peor: quiere mostrar que es su mejor discípulo, y para ello se esfuerza en conseguir el aplauso de quienes en algún momento insinuaron que era laxo con el legado ideológico que se le había encomendado perpetuar. Señales insólitas como incluir dedicatorias en un plan de desarrollo son una bicoca. De más largo plazo es tratar de rehacer la historia y negar el conflicto que propios y extraños han documentado por décadas. Pero arengar al ejército de otro país para que se rebele, persistir en las objeciones a una ley ya revisada por la Corte Constitucional o retomar las fumigaciones es construir una agenda basada en la confrontación de un país que ya venía muy dividido, mientras los temas que unen no aparecen con la fuerza con que debieran.

El trabajo que viene haciendo el Ministerio de Educación es serio y esperanzador, pero no ocupa un lugar importante en la agenda presidencial. En cambio, el senador Uribe se escandaliza y capta la atención de los medios porque unos chicos abrazan una pancarta de apoyo a la JEP. En su opinión, la paz está siendo utilizada para “adoctrinar a los niños”. Es raro que un senador no entienda que defender la JEP, el Congreso o la Corte Suprema es defender la Constitución Política y que eso es obligación de la escuela y los maestros –incluso de los privados–.

Eso, y el cacareado proyecto de ley de censura a los maestros que hasta él censuró, comienza a hacer un mal ambiente entre los profesionales de la educación que atienden los colegios oficiales.

No es bueno un clima de confrontación para educar a las próximas generaciones. En las aulas se refleja lo que circula en el extenso ecosistema cultural del cual son parte fundamental los gobernantes, la Iglesia y los líderes sociales. Ojalá pudiéramos dar un giro a las prioridades y abrir todos los debates posibles sobre la salud, el bienestar, la ciencia... todo lo que en una visión de futuro pueda unirnos.

Sal de la rutina

Más de Francisco Cajiao

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.