Desconectados

Es claro que el Gobierno no logra conectarse con lo que la ciudadanía está sintiendo y manifestando.

28 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Este fue el título del informe del BID que mostraba la falta de coherencia entre la formación básica que se ofrece a los jóvenes y las necesidades de los empleadores. El análisis, en varios países de América Latina, señala cómo las políticas educativas están desconectadas de otros sectores que pueden ofrecer oportunidades de progreso a los chicos.

Esta desconexión es muy grave para la salud económica y laboral, pues quienes concluyen su bachillerato, si no entran a la universidad, quedan en el peor de los mundos: es la situación de más del cincuenta por ciento de nuestra población joven cada año. Pero, como si no fuera ya una tragedia, la desconexión nacional no se limita a la educación y el trabajo.

Todo parece desconectado en estos días. Es claro que el Gobierno no logra conectarse con lo que la ciudadanía está sintiendo y manifestando en las calles; no consigue entender con algún nivel de empatía que los excesos de la policía no son percibidos por la gente –esa misma desconectada de la educación y el trabajo– como casos aislados, sino como conductas reiteradas.

Como sucede cuando no hay química en una relación, las respuestas son equivocadas; las reacciones inmediatas del ministro de Defensa, torpes y las intervenciones de su jefe, desatinadas cuando no sorprendentes. Tampoco parece que el Presidente tenga buena conexión con la Constitución Política, pues interviene a veces como juez, a veces como fiscal y a veces como periodista, confundiendo a la gente sobre el carácter de las sentencias judiciales o la autonomía del Congreso para regularse.

La pandemia ha sido devastadora en muchos aspectos. Miles de empresas desaparecieron y con ellas, millones de empleos, pero en vez de programas audaces como los que están haciendo otros países, aparece en el horizonte, impulsado desde el Palacio de Nariño, otro plan agrario para entregar baldíos de la nación a grandes grupos empresariales liderados por amigos y condiscípulos del primer mandatario.

Y es que en el alto Gobierno no hay conexión seria con el proceso de paz, la restitución de tierras, la protección eficaz de los líderes sociales y la distribución del ingreso. Hay que estar muy desconectados de la realidad para seguir haciendo más ricos a quienes ya lo son, mientras los programas de ayuda para los que están hoy en la ruina son “miserabilistas”, al decir de economistas muy serios y de amplia trayectoria.

Pero el Gobierno no es el único que se desconecta. Se ha reconocido muy poco el enorme esfuerzo de los maestros y maestras de todos los rincones del país. Han hecho hasta lo imposible por cuidar a sus niños, con las limitaciones que todos conocemos. Muchos están realmente angustiados por esos pequeñitos que la están pasando mal: son los que han llevado la peor parte en estos meses. Pero la dirigencia de Fecode no los ve. Se declara en desobediencia civil contra una orden que nadie ha dado, buscando cambios estructurales –seguramente necesarios– a costa de la garantía del derecho de millones de chicos y chicas que hoy corren más peligros en la casa y en la calle que en un regreso ordenado y prudente a los colegios.

Con certeza regresarán primero los privados, asumiendo su deber profesional. Cuanto más se demoren los oficiales, mayores serán las brechas sociales. Poco ayuda esto a las clases populares y sí deja un mal sabor entre la ciudadanía. No me imagino a los trabajadores de la salud exigiendo la reforma total del sistema como condición para atender a los enfermos.

Es imperativo que podamos confiar en quienes nos protegen, en quienes administran justicia, en quienes gobiernan. Necesitamos servidores públicos empeñados en resolver asuntos importantes en vez de mover sus proyectos particulares. Es urgente, para todos, conectarnos con las realidades de quienes no la pasan bien en estos días.

Francisco Cajiao
fcajiao11@gmail.com

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