Aprendizaje por ‘shock’

Aprendizaje por ‘shock’

Sin duda estamos aprendiendo muchas cosas sobre el virus, pero especialmente sobre nuestros miedos.

16 de marzo 2020 , 07:06 p. m.

En 1979, el Club de Roma publicó un informe sobre la educación mundial titulado ‘Aprender, horizonte sin límites’. Antes habían elaborado otros dos, titulados ‘Los límites del crecimiento’ (1972) y ‘La humanidad en la encrucijada’ (1974). Las conclusiones eran muy pesimistas en su análisis de la política y la economía mundial, y llegaban a decir que si la humanidad seguía por donde iba y no se introducían cambios profundos, alrededor del año 2060 podría dejar de existir.

Sobra decir que no fueron bien recibidos por los representantes del poder económico mundial, pues se ponían en duda dogmas del capitalismo tales como la obsesión por el crecimiento económico.

El informe sobre la educación hace un resumen de los males y deficiencias de los procesos de aprendizaje, pues se estaba ampliando el desfase entre la complejidad de nuestro mundo y la capacidad para hacerles frente a los problemas trascendentales de la humanidad. Señalaba que el aprendizaje dominante, en una perspectiva más amplia que la simple enseñanza escolar, solo faculta para resolver los problemas ya conocidos de antemano. Se hace apenas un aprendizaje de mantenimiento, en vez de desarrollar un aprendizaje innovador, acorde con las necesidades del momento. Este, según ellos, es el proceso por el cual se prepara a las personas para hacer frente a nuevas situaciones y no para la “conservación de valores trasnochados y carentes de significación real”.

Decían que el aprendizaje innovador surgía con frecuencia de crisis que obligan a cambiar los referentes con los cuales se comportan las sociedades, lo cual sucede muchas veces de manera violenta e inesperada: por shock. Mientras que el aprendizaje de mantenimiento toma parsimoniosamente su tiempo y el de innovación suele involucrar solamente a pequeños sectores de la población capaces de anticiparse y cambiar prácticas sociales en universos delimitados, el aprendizaje por shock puede transformar muy rápido todos los comportamientos y las relaciones sociales, cambiando el significado de los más pequeños acontecimientos cotidianos.

Las guerras cambiaron casi de un día para otro la manera como funcionaba el mundo. La Europa de antes de la Primera Guerra Mundial era otra después de cuatro años. Del gran Imperio japonés no quedó nada después de la bomba atómica de Hiroshima. Ya no volvieron a vivir igual, a pensar igual o a producir lo mismo.

Ahora estamos frente a una epidemia que en menos de un mes está modificando todos los patrones de comportamiento individual y colectivo. Aunque la cifra de víctimas mortales es inferior a la de las causadas por influenza, malaria, dengue o SARS, ninguna de esas ha generado tanto pánico y efectos tan devastadores en la economía.
Seguramente hay buenas razones para que sea así, aunque me es difícil entender por qué la gripa H1N1, más letal según dicen, no consiguió poner en cuarentena países enteros, ni paralizar el tráfico aéreo ni colapsar las bolsas de valores en los cinco continentes.

Es claro que el miedo es un poderoso movilizador desde que se inventó el infierno, y se contagia más rápido que el virus. Y en ocasiones, como decía Sartre, “el infierno son los otros”. En Colombia hay medio centenar de personas con el covid-19, pero tenemos que temer de todos, evitar a toda costa contagiarnos por contacto, poner distancias, evitar que lleguen personas de otros países; y si llegan, encerrarlas. También, en lo posible, encerrarnos voluntariamente como lobos esteparios, sin saber en qué ocupar nuestro tiempo mientras pasan los días.

Sin duda estamos aprendiendo muchas cosas sobre el virus, pero especialmente sobre nosotros y nuestros miedos, que por fin nos ponen en sintonía con el resto de la humanidad. Me pregunto cómo calcular los daños colaterales del colapso: ¿cuántos serán los muertos no contados y las vidas arruinadas por el pánico?

Francisco Cajiao
fcajiao11@gmail.com

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