A propósito del paro nacional

A propósito del paro nacional

El paro muestra que la gente no cree en el Presidente, y menos en el partido que lo puso en el trono

25 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

Nuestros antepasados necesitaron contar con personas en quienes confiar para sobrevivir en un medio hostil. Al principio, en las pequeñas bandas nómadas, el liderazgo se basaba en la experiencia, la fuerza física y el conocimiento del medio. Los jóvenes aprendían de los mayores, y eso permitía relevarse de generación en generación.

Al llegar las grandes organizaciones tribales y los Estados multitudinarios, no bastaron las mismas cualidades de antes para ejercer la autoridad, de manera que hubo que recurrir a otros medios: relatos que rodearan al líder de un aura sagrada, de manera que creer en él fuera ineludible; fuertes mecanismos de control social que garantizaran la unidad del pueblo en torno a propósitos como las conquistas o las grandes construcciones, y rituales capaces de congregar grandes multitudes para compartir la emoción de sentirse fuertes frente a enemigos externos y unidos alrededor de sus propios valores.

A estos recursos han seguido recurriendo los grandes dictadores de la historia reciente: Hitler y Stalin; Mussolini y Mao; Fidel, Perón y Pinochet. No es un asunto de izquierdas o derechas, sino de populismos en los cuales estos personajes han tenido que buscar todos los medios a su alcance para conseguir que sus pueblos se aglutinen en torno a ellos, los crean sus salvadores y protectores y estén dispuestos a cualquier cosa para realizar sus caprichos convertidos en dogmas.

Lo que se siente es que no hay nadie a cargo de resolver los grandes problemas que todos los días se expresan, se diagnostican y se discuten

Pero en todos los tiempos también han surgido la resistencia y el descontento popular contenidos en contextos dogmáticos y represivos. Esos malestares comienzan a fluir por pequeñas grietas, como las que aparecen en los diques de las grandes represas, hasta que un día se desbordan con resultados imprevisibles. Casi siempre, la fuerza de las multitudes se ha hecho incontrolable, pues ya no responde a un guía ni sigue un libreto coherente. Más bien se mueven porque no le creen a nadie y porque quienes los lideraban perdieron su aura providencial por corruptos o mentirosos.

En nuestro caso, no estamos ante el desprestigio gradual de un gran líder carismático que hubiera aglutinado al país en torno a grandes objetivos. Tampoco somos víctimas de un régimen autoritario que a lo largo de muchos años haya reprimido las expresiones populares. Por el contrario, lo que se siente es que no hay nadie a cargo de resolver los grandes problemas que todos los días se expresan, se diagnostican y se discuten.

Tenemos un alcalde de Bogotá que ha invertido sumas millonarias en una campaña que lo consolida orgullosamente como impopular, es decir que no le importa lo que la gente diga. Y el Presidente sigue la misma línea, aunque sin promoción publicitaria: sus ministros la embarran, su Vicepresidenta se confunde, su partido –cada vez más minoritario e impopular– lo presiona para que haga cosas impopulares e inconvenientes... pero no hace nada que llene el vacío.

Los grandes líderes contemporáneos, que fueron de algún modo motores de progreso de sus sociedades y forjadores de muchos de los ideales que están consagrados en las constituciones de los países que quieren ser civilizados, cumplieron su misión conectándose con la gente y consiguiendo que creyeran en ellos a pesar de decir verdades dolorosas y exigir grandes sacrificios. Sin un Churchill, la historia del mundo hubiera sido otra, y no fue un populista, como no lo fue Kennedy en su lucha por los derechos civiles, ni Gandhi por la independencia. No adulaban al pueblo ni eran perfectos, pero la gente pudo creer en ellos en tiempos difíciles.

El paro del jueves, las encuestas y las últimas elecciones muestran que la gente no cree en el Presidente, y menos en el partido que lo puso en el trono. Tampoco en muchos mandatarios locales. Pareciera que la gente por fin se aburrió del ‘No’ que guio la campaña presidencial y ahora exige a gritos que se adelanten las propuestas sociales que consolidan los procesos de paz.

fcajiao11@gmail.com

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