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Paridad: sí o sí

Paridad: sí o sí

No podemos seguir dejando a los hombres la toma de decisiones que nos incumben a todos y a todas.

31 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

Muchas veces llego a pensar que se ha construido un discurso que afirma que la situación de las mujeres en Colombia es relativamente buena, más si la comparamos con países del tercer mundo o con el muy citado Afganistán. Incluso podrían llegar a preguntarnos: ¿de qué se quejan las mujeres colombianas?

Sí, es cierto, las mujeres colombianas han adquirido, desde hace unos 70 años, muchos derechos y, sin duda, no hay comparación posible con las mujeres y niñas de muchos países árabes o del cuerno africano, por lo menos en cuestiones de ciudadanía. Pero no por esto tenemos que dejar de reclamar más derechos. Nunca me canso de recordarlo: una democracia sin un pleno reconocimiento de las mujeres seguirá siendo incompleta, o, como lo decía el gran filósofo francés Jacques Derrida: “Ser demócrata es actuar reconociendo que vivimos en una sociedad nunca suficientemente demócrata”.

El mismo Derrida añadía que este ejercicio crítico era indispensable tanto para la respiración democrática como para toda idea que tenemos de responsabilidad. Ustedes me preguntarán qué significa un pleno reconocimiento de las mujeres. ¿Cuál concepto podría darnos una idea de ese reconocimiento? Pues existe uno y es el de paridad. Más allá de la paridad entendida de manera absoluta, la paridad significa, ante todo, y en el ámbito de lo político, inclusión de las mujeres con representación. Una inclusión con representación equitativa en lo político, es decir, en los poderes económicos, políticos, religiosos, culturales, militares y judiciales que están aún, en su gran mayoría, en las manos de los hombres. Mientras estas profundas asimetrías sigan, el concepto de democracia seguirá siendo de una enorme fragilidad.

Vale la pena entonces recordar algunas cifras colombianas: Senado de la República: 21 % de mujeres; Cámara de Representantes: 18 %; alcaldías: 12 %; gobernaciones, un lamentable 6 %... panorama crítico, por no decir lamentable. Y lo recordaba la politóloga Olga Lucía González: Colombia tiene una participación inferior a la que han tenido muchos países del mundo, incluso a la que ha tenido Afganistán entre el 2005 y el 2020.

Y es por esta razón, entre otras, que el concepto de cuotas está mandado a recoger. No más cuotas: paridad en todas las esferas de la vida. No podemos seguir dejando a los hombres la toma de decisiones que nos incumben a todos y a todas. En ese sentido, la paridad garantiza la universalidad y la democracia. Mientras tanto, deberíamos aprender a hablar de una democracia relativa o de un proyecto de democracia. Bien vale la pena, creo yo, pensar en esto, justo cuando llega un año electoral.

Mientras estas profundas asimetrías sigan, el concepto de democracia seguirá siendo de una enorme fragilidad.

Ahora bien, es cierto, que, como nos lo recordaba la senadora Angélica Lozano, se votó hace poco una ley que nos garantiza que haya paridad de género en las listas para el Congreso. Claro, siempre y cuando los partidos políticos estén convencidos de la importancia de este hecho y consecuentemente apoyen con recursos y una sólida formación política para las mujeres. Una paridad de género que se concreta en lo que se llama listas cremallera, es decir, llenando la lista con el mismo número de hombres que de mujeres.

Sin embargo, evidentemente tocaría que las listas estén cerradas; si no, aun cuando habrá algún aumento de mujeres elegidas, seguiremos aún lejos de lograr la paridad. Pero bueno, sé que, de alguna manera, ya es una conquista el hecho de que nos acostumbremos a nombrar el concepto de paridad y a olvidarnos del trasnochado concepto de cuotas. Quizás poco a poco aprenderemos a aceptar lo que significa compartir plenamente con los hombres el diario acontecer de la vida.

FLORENCE THOMAS
* Coordinadora del grupo
Mujer y Sociedad

(Lea todas las columnas de Florence Thomas en EL TIEMPO, aquí)

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