¿Monstruos?

¿Monstruos?

Muchas veces la respuesta a las violaciones de niñas es que nuestra sociedad es una sociedad enferma

21 de julio 2020 , 09:25 p. m.

Ante la indignación y el estupor que nos han producido los recientes casos de violaciones de niñas, que otra vez, en una historia de nunca acabar, han venido develándose en el país, muchas veces la respuesta es que nuestra sociedad es una sociedad enferma. Y, sí, puede ser. Pero personalmente siento que esta afirmación tan general no esclarece muchos interrogantes alrededor de un tema que casi siempre termina debatiéndose desde los terrenos de la psiquiatría o de lo jurídico. Y, para mí, el cuestionamiento debe ser también sociológico porque en últimas sabemos muy poco de las historias y condiciones específicas de estos hombres violadores de niñas.

Creo, entonces, que es necesario hacernos preguntas relativas a la ubicación de estos hombres en el mundo, a su condición socioeconómica, a los lugares y vivencias de su infancia, a sus compañeros de juego, a las canciones que escuchaban; siempre que veo a estos hombres en las fotos de prensa o en los estrados judiciales, no puedo dejar de preguntarme por las mujeres que conocieron, por su entorno familiar, por su padre (si es que acaso lo tuvieron), por su madre, por alguna muestra de cariño recibido, por las maneras como construyeron las nociones de amor y sexualidad.

Y, sí, debo confesarles que me cuesta entender qué lejano fantasma invade a estos hombres en el momento de pasar al acto con una niña pequeña o un niño indefenso. ¿Qué buscan en ese aún frágil cuerpo sometido? ¿Qué generó el quiebre? ¿Dónde se ubica la falla? ¿Qué hicimos para que esto ocurra? ¿Qué dejamos de hacer? Y lo cierto es que en este registro, más sociológico que jurídico, muy pocas veces los cuestionamientos nos llevan a una pregunta que considero fundamental y tiene que ver con el sistema patriarcal imperante en nuestra sociedad y con las formas como determina y legitima las nociones de poder, de dominación y de violencia real y simbólica sobre los otros y en particular sobre los cuerpos femeninos.

Todos los cuerpos femeninos, de niñas, adolescentes o mujeres. Porque al afirmar que somos una sociedad enferma solo constatamos un hecho, pero dejamos de preguntarnos por los entramados sociales y culturales en los que se inscriben estas reiteradas violencias. Y en ese marco, de nuevo insisto, la mirada debe estar dirigida hacia una cultura patriarcal que sustenta el secular machismo de nuestras sociedades. Porque si no, cómo responder al hecho de que, en su gran mayoría, estos actos son perpetrados por hombres. Casi nunca por mujeres. ¿O realmente creen que es un asunto fortuito que muchos de los últimos casos conocidos por la opinión pública hayan ocurrido en el seno de las Fuerzas Armadas, un lugar donde es consustancial al entrenamiento reforzar los imaginarios y los estereotipos del hombre viril entrenado para el combate?

En espera de urgentes estudios para comprender esta atroz enfermedad sociocultural, lo único que me queda por ahora es parafrasear a un gran cantante francés llamado Georges Moustaki cuando, sobre este mismo asunto, nos recuerda en una de sus canciones más bellas que hace tiempo nuestro barco se está hundiendo y que “(...) Víctimas o criminales, todos estamos concernidos. / Y si hay un culpable, estamos todos condenados”. Todas, todos condenados. De esto no dudo.

Florence Thomas
Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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