La tristeza también mata

La tristeza también mata

Y, sí, hoy existe una especie de infantilización y discriminación de todos nosotros los viejos.

12 de mayo 2020 , 07:32 p.m.

Un hecho comprobado por todas y todos los especialistas de los adultos mayores o de la tercer edad o como los llamen es que la tristeza, la soledad y la depresión también matan. Eso se puede comprobar en casi todos los países del mundo a raíz de esta pandemia y del severo confinamiento de los mayores de 65 o de 70. Los viejos, las viejas se mueren de no ver a sus hijos, a sus hijas, a sus nietos, de no tener ningún contacto con el exterior y vivir como una clase de parias de la sociedad. Algunos dejan de comer, otros pierden las ganas de vivir. Y, sí: la tristeza también mata.

Este tema se ha vuelto viral y álgido muy particularmente en Francia, un país que ha tenido un récord de muertos en los establecimientos para adultos mayores de 70 años, muchos de 80 y 90 y en situación de dependencia. Los llamados geriátricos de aquí. Y el presidente francés, Emmanuel Macron, ha decretado que todos los adultos mayores de 65 años debían ser confinados y aislados por tiempo indeterminado. Algo parecido pasa en Colombia, donde existe un confinamiento bastante severo e igualmente indeterminado para los y las de 70 años y más. Por el momento va hasta el 30 de mayo, pero algunos especialistas recomiendan que sea hasta finales de año o hasta que exista una vacuna.

Hoy, en Francia, y ante la indignación y críticas éticas y hasta jurídicas de intelectuales, abogados y expertos en medicina, se habla de una marcha atrás de estas medidas que se refieren a los adultos mayores. Porque, claro, muchos viejos y viejas se preguntan si entran en la categoría de viejos a los 65 años, a los 72 años o a los 90. Yo también me lo pregunto aunque el concepto de viejo no me parece un insulto y, por el contrario, siempre he tratado de dignificarlo. Pero para aquellos y aquellas de 90 y más años, habría que inventar otra denominación. Claro, en general, ya no constituyen o representan ninguna fuerza o aportes a la economía, generando gastos en salud y pensión. Y, sí, hoy existe una especie de infantilización (qué tal los abuelitos de nuestro Presidente) y discriminación de todos nosotros y nosotras los viejos. Nos parece vivir una especie de arresto domiciliario.

Entonces preguntémonos: ¿será que los ancianos son más contagiosos que los más jóvenes? La respuesta es no. ¿Será que los ancianos son más vulnerables que el resto de la población? La respuesta es sí. Siempre y cuando precisemos lo que significa vulnerabilidad. Diabéticos: sí; obesos: sí; personas discapacitadas o con enfermedades crónicas: sí. Para estos, el confinamiento tiene que ser estricto y vigilado, a pesar de saber que también algunos se morirán de tristeza y no de coronavirus.

Y es entonces cuando es pertinente tomar algunas medidas para que puedan volver a ver sus hijos, sus hijas o nietos a una distancia razonable y solo a uno o dos por turno y con todas las barreras y los gestos de seguridad. Morirse solo no es aceptable.

Nos robaron la primavera, dicen ellos y ellas en Francia. Y probablemente les robarán también el verano. Y de todas maneras quiero dejar en claro que para los y las gobernantes, estas decisiones no son nada fáciles de tomar. Lo entiendo, y sé que no es momento de críticas. Solo quería abrir el debate, quizás porque tengo 77 años.

Florence Thomas
Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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