El incesto: una trágica banalidad

El incesto: una trágica banalidad

Llegó desde Francia un nuevo MeeToo, el MeeTooIncesto, generando estragos de amplitud inconcebible.

16 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Llegó desde Francia un nuevo MeeToo, el MeeTooIncesto, generando estragos y un sismo familiar y societal de una amplitud aún inconcebible. Se inició unas semanas después de la aparición de un libro titulado La familia grande, de Camille Kouchner, que denuncia, con una escritura magistral y una precisión que da escalofrío, lo que su hermano gemelo vivió durante años en su infancia en el secreto de una alcoba con su padrastro, un reconocido intelectual de la burguesía francesa, profesor y escritor. Un hombre que, lo dice la misma Camille, toda la familia quería y admiraba mucho.

Irrumpió entonces en los medios una palabra que estaba aún oculta y minimizada en relación con las formas tradicionales de referirse y abordar el abuso sexual y la violación: la palabra ‘incesto’. Una palabra que hoy está en el centro de miles y miles de historias que surgen desde todos los estratos socioeconómicos y rincones de la geografía francesa. Y si bien muchas voces se liberan hoy alrededor de un tabú, que es a todas luces un abuso absoluto de poder, ya hacia finales del siglo XX el incesto era un tema de discusión pública a pesar de los pocos casos y cifras reportadas.

De hecho, el incesto es un muy viejo tabú de la humanidad, porque no nos olvidemos de que la antropología estructural de Levi-Strauss coincidió con Freud cuando afirmó que la prohibición del incesto es la ley que inaugura la cultura en oposición a la naturaleza.

Según datos franceses, el incesto involucraría diez familias de cada 100, o un niño o niña de cada diez infantes con un porcentaje mínimo de denuncias de tan solo el 4 por ciento. Por supuesto, estoy contando una historia francesa, pero intuyo que, conociendo además las cifras colombianas de violencias sexuales referidas a niños, niñas y adolescentes, podemos extrapolar estos datos a Colombia.

En nuestro país, al igual que en Francia o en el resto del mundo, el incesto es un hecho abrumador por dos características del fenómeno. En primer lugar, las denuncias llegan muy tarde.

En efecto, el incesto es un evento que pone en tela de juicio a la familia; un silencio cómplice de todo un grupo familiar porque en general, la madre (esposa del victimario), los tíos e, incluso, a veces, como en el caso de Camille, los hermanos y hermanas de la víctima lo saben o lo intuyen, pero no lo hablan.

En cuanto a la víctima, está bajo el dominio (traducción de l’emprise en francés, palabra de difícil traducción al español) y la promesa de un secreto compartido con el victimario, su padre o padrastro. Secreto con el que, en general, el niño, la niña o la (el) adolescente aprenderá a convivir durante años generando a veces una enorme culpabilidad por no haber hablado cuando quizás aún se podía, culpabilidad que da lugar a la depresión, la tristeza e incluso, en algunos casos, al suicidio.

De hecho, hoy, los que se atreven a hablar son todos adultos. La relevancia de esta denuncia no es menor. Se necesita ser muy valiente para traer al debate público uno de los tabúes fundantes de nuestro orden cultural e interpelar el orden familiar desde sus más profundas raíces. Eso exactamente fue lo que hizo la escritora Camille Kouchner abriendo una nueva ruta que nos permite ir más allá del necesario MeeToo al MeeTooincesto.

Florence Thomas
Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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