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A ver, de qué se trata

A ver, de qué se trata

Poderes económicos, religiosos, militares y políticos siguen siendo casi todos en manos masculinas.

No sé si Petro es misógino o no. No lo sé, y además esa no es la cuestión. La cuestión es saber si el feminismo tiene espacios en los partidos políticos. En este siglo XXI no podemos seguir haciendo concesiones y más concesiones, como ha ocurrido durante siglos. Y si bien no negamos que hemos avanzado, es evidente que la supremacía masculina es aún muy mayoritaria. Los poderes económicos, religiosos, militares, judiciales y políticos siguen siendo casi todos en manos masculinas.

La cuestión es, entonces, entender qué significa participar en política para las mujeres. Porque no es solo participar lo que nos interesa, es saber cómo queremos participar. En este sentido, me pregunto si lo que nos interesa es hacer política como los hombres. ¿Será que trabajar, escribir, explicar, hacer política y habitar el mundo como ellos nos satisface? ¿Es hacer política como los hombres lo que buscamos? Si esto es lo que buscamos, entonces no entenderíamos porque Ángela María Robledo tuvo que tomar esta difícil decisión.

No obstante, las mujeres hemos aprendido que participar no es neutro. Ninguna práctica social, ninguna práctica política es neutra. Hay una manera femenina de habitar y participar en el mundo, y hay una manera masculina de habitar y participar en el mundo. Sabemos que los hombres han pensado siempre como hombres, han actuado siempre como hombres. Y, por supuesto, nadie les puede reprochar esto porque es su historia que proyectan, su historia relativa a la marcha del mundo. Lo grave es que, pensando el mundo como hombres, estuvieron siempre seguros de pensar por todos y todas, y a nombre de todos y de todas. Pero hoy, las mujeres tienen voz y han adquirido autoridad para hablar de un mundo en el cual cabemos todos y todas.

Creo sinceramente que es ahí donde el feminismo y, hoy, los múltiples feminismos pueden aportar a la revitalización de los ideales de las izquierdas. Y se debe hacer por medio de nuevas miradas que desenmascaren la parodia del universalismo del sujeto único. Qué le vamos a hacer, pero el sujeto único murió, aun cuando trata de patalear y resistir.

Ahora bien, es cierto que las mujeres feministas no estamos aún en la posibilidad de dar directrices precisas en relación con lo que significa reconocer nuestra autoridad en el ejercicio de la política, es decir, ya tener todas las herramientas para responder a la pregunta relativa a qué significa hacer política de otra manera. Los hombres han tenido siglos para pensar en este ejercicio. Nosotras acabamos de nacer en la política. Y este parto ha sido difícil. Si no, pregúntele a Ángela María Robledo, que buscaba abrir este camino para las mujeres pero se encontró con las barreras de siempre y que tuvo que dejar a la Colombia Humana, seguramente con dolor –como ella misma lo expresó–, pero con la firme convicción de que ya no es hora de detener la marcha de las mujeres. Y en esto tenemos que decirle y reafirmarle que la acompañamos.

Para terminar, le daré la palabra a Alessandra Bocchetti, una feminista italiana, quien expresó de manera contundente lo que quise tratar de explicar en relación con la práctica política de las mujeres. Ella nos decía: “Si una mujer entra en política, debe entrar con su historia y no a pesar de su historia, debe entrar la experiencia de una mujer y no una mujer a pesar de su experiencia”.

Florence Thomas
Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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