¿Qué es la salud?

¿Qué es la salud?

Aquello de que ‘la salud no tiene precio ni puede ser un negocio’ es una simple falacia.

22 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

En mi columna anterior me ocupé del tema de la felicidad y la relacioné con la salud. Ambas son percepciones propias de la especie humana (quizás también de algunas especies inferiores, ¿por qué no?) y tenidas como bienes invaluables, pese a no existir una definición precisa sobre ninguna de las dos.

El concepto o significado de ‘salud’, que pareciera obvio, se ha prestado para diferentes interpretaciones, dando lugar a confusión y a conductas y reclamos injustificados de quienes consideran haberla perdido. Todos creemos saber qué es la salud, pero si fuéramos a definirla, fracasaríamos en el intento. Sucede como con la felicidad. “Bienaventurado el que sabe que algo es así sin poder explicar por qué lo es”, decía sabiamente el escritor oriental Lin Yutang.

En el Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS), adoptada en Nueva York en 1946, se lee: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. No obstante haber recibido muchas críticas, esta definición se mantiene vigente transcurridos algo más de setenta años de aprobada.

Dando por acertada esa definición, puede deducirse que la salud no es un simple constructo mental, una ficción. Es algo que, siendo inasible, es objetivable por un examinador atento y percibido por quien la posee. Se afirma que la salud no tiene precio, para excluirla del ámbito mercantil, es decir que siendo un bien mayor no es una mercancía vendible ni comprable, aun cuando la realidad sea otra. En la práctica hay que pagar para rescatarla y, a veces, para conservarla.

Existe un mercado de la salud a la luz del día –público y privado– que, por ser necesario, tiene la anuencia de las autoridades y la complacencia de vendedores y compradores. Por eso, aquello de que ‘la salud no tiene precio ni puede ser un negocio’ es una simple falacia.

Hace un par de años, en un foro sobre la salud realizado en Cartagena, escuché a un médico colombocanadiense, profesor de la Facultad de Medicina de Toronto en la cátedra ‘Innovación en salud’, plantear y defender una tesis, para mí discutible por considerarla potencialmente peligrosa dentro de un sistema sanitario. Ese profesor se llama Alejandro Jadad Bechara y ha sido galardonado internacional y nacionalmente (en Colombia se le dio la Orden del Congreso de la República).

Para él, la salud es un asunto subjetivo, lo cual es cierto parcialmente, pero si se tiene en cuenta la definición de la OMS, es decir, analizado desde el campo de la salud pública, esa afirmación es otra falacia. Su conferencia se tituló ‘La pandemia oculta de la salud’, y en ella afirmó que quien se sienta sano está sano. Si un individuo –digo yo– que vive en un medio carente de agua potable, de sanitario, se halla desnutrido, anémico, por carecer de alimentación adecuada, y manifiesta sentirse saludable, ¿podrían las autoridades sanitarias quedar tranquilas?

Algo más: hay personas que manifiestan que están enfermas, sin estarlo en realidad. Son los llamados ‘hipocondríacos’, lastre para los servicios de salud, pues hacen uso de ellos innecesariamente. Yo puedo tener un cáncer evolutivo silencioso. Si me preguntan cómo me siento, diré que bien. ¿El oncólogo estará de acuerdo conmigo? Hay que tener en cuenta que un sistema de salud eficiente es aquel que está en capacidad de identificar cuándo un individuo se halla sano de verdad o de verdad enfermo. Aún más, si está en capacidad de mantener objetiva y subjetivamente sano al individuo sano y en capacidad, asimismo, de devolverle la salud al que de verdad está enfermo, si ello es posible científicamente.

Como corolario de las anteriores reflexiones, la subjetividad no es un buen instrumento para medir el estado de salud de un país. Tratándose de la felicidad, ¿podrá decirse lo mismo? La gran mayoría de los colombianos, de todos los estratos, afirma vivir feliz en Colombia.

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