Proyecto de ley expósito

Proyecto de ley expósito

Asumir el estudio de la reforma debería tener mensaje de urgencia.

30 de noviembre 2018 , 07:28 p.m.

Al iniciarse la presente legislatura, desde esta columna me permití sugerirles respetuosamente a los honorables congresistas que le dieran un mejor trato al proyecto reformatorio de la Ley 23 de 1981, mejor conocida como Código de Ética Médica, el cual desde el 2015 estaba a su consideración, habiendo surtido los trámites exigidos hasta llegar a la Comisión Séptima de Cámara en 2017.

Ha de entenderse que no solo somos los médicos los interesados en que dicha reforma sea aprobada; la sociedad toda también lo está, pues se trata de algo que toca con dos de sus más valiosos bienes: su salud y su vida, muy ligados al quehacer médico. Creo, por eso, que asumir el estudio de la reforma debería tener mensaje de urgencia.

Sin embargo, estando próxima a expirar la legislatura del 2018, nada ha ocurrido. Era de suponer que por haber tres médicos en la Comisión Séptima de Cámara, el hervor último para que fuera aprobado sería más rápido, teniendo en cuenta que la ponencia ya estaba elaborada y radicada en plenaria de Cámara luego de haber sido discutida ampliamente y de haberle hecho los ajustes convenientes.

Con muy buen criterio, la mesa directiva de la comisión designó como ponentes a los médicos Jairo Cristancho, Carlos Eduardo Acosta y José Luis Correa, pero estos, olímpicamente, se declararon impedidos para cumplir el encargo “por ser médicos”. No obstante, su disculpa no fue aceptada por considerarla improcedente a la luz de un pronunciamiento del Consejo de Estado que aclara que no se genera conflicto de intereses cuando el beneficio que se persigue o se obtenga con la ley no puede ser catalogado como general, sino de carácter particular, directo e inmediato.

En otras palabras, que el beneficio que se persiga o se obtenga con la ley no derive en beneficios morales o económicos para el congresista o sus familiares o sus socios. Es obvio que con la aprobación y vigencia de la ley de ética médica, ni los médicos mencionados ni sus familiares irán a obtener beneficios. Antes bien, lo que la ley busca es meter en cintura a los que falten a ella, es decir, a los principios éticos en que se sustenta el actuar correcto de los profesionales de la medicina.

Es seguro que por ser muy corto el tiempo que resta para terminar la legislatura actual, y por estar enfrascado el Congreso en discusiones de mayor calado, el humilde proyecto que presentamos los médicos en el 2015 vuelva a ser engavetado, a la espera de que encuentre quien pueda defenderlo.

In memoriam. Registro con pesadumbre el fallecimiento de María del Rosario Ortiz Santos, con quien me unían lazos de amistad desde nuestra época –ya muy lejana– de estudiantes universitarios. Nos conocimos en los días aciagos del 8 y el 9 de junio de 1954, cuando varios jóvenes universitarios fueron inmolados por servidores del gobierno del general Rojas Pinilla. A raíz de estos acontecimientos, del seno de las universidades surgieron líderes dispuestos a luchar contra la dictadura. Fue entonces cuando, por primera vez en la historia nacional, la mujer irrumpió como protagonista en el transcurrir universitario.

Sin diferencia de género, el movimiento estudiantil asumió una valerosa oposición política. Una de las maneras para hacerlo fue a través de un periódico que, con el nombre de Nuevo Signo, fundamos algunos estudiantes de la Universidad Nacional. En ese grupo sobresalían Fabio Lozano Simonelli, José Font Castro, Francisco Posada Díaz, Diego Uribe Vargas, Juan Antonio Gómez, José J. Arizala, Gloria Bernal y María del Rosario Ortiz. La cito de última para rendirle un homenaje por ser una mujer admirable, aguerrida, que nos sirvió de ejemplo. La existencia de Nuevo Signo fue efímera. El ministro de Gobierno Lucio Pabón Núñez lo clausuró pronto. En cambio, mi amistad con ella perduró hasta hace algunos días. Descanse en paz.

Columnistas

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