¿Niño o niña?

¿Niño o niña?

En este asunto de la preselección del sexo, también el folclor ha hecho acto de presencia.

19 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Hoy, el diagnóstico antenatal temprano del sexo fetal es posible gracias a la exploración ecográfica no invasiva. Lo que sigue preocupando a los ansiosos futuros padres es la incapacidad para poder seleccionar el sexo de sus hijos en potencia. De haber existido esa posibilidad, de muchos males y frustraciones se hubiera librado la humanidad. Recordemos la inveterada costumbre, establecida en la China y la India, de sacrificar a los recién nacidos de sexo femenino. No obstante que esta repugnante costumbre es castigada, aún suele practicarse en la modalidad de interrupción voluntaria del embarazo.

Interesándome el tema en razón de mi especialidad médica, de manera muy sucinta voy a referir algunas curiosas anécdotas que nos permiten tener una idea acerca de la vieja aspiración de poder seleccionar el sexo de los hijos. Por ejemplo, cuatro siglos antes de Cristo, Aristóteles recomendaba a las mujeres que quisieran tener un varón que se concentraran mentalmente durante el acto sexual, pensando que lo iban a tener, y luego acostarse hacia el lado derecho, por ser el más caliente. También recomendaba el sabio estagirita que el amor se hiciera con viento norte para concebir un niño y con viento sur para una mujercita. La teoría del predomino de uno de los lados, derecho o izquierdo, se fundamentaba en la creencia de que uno era más caliente que el otro, y el calor estaba muy relacionado con el principio de la vida. Siguiendo a Aristóteles, el eleático Parménides afirmaba que la mujer es fría y el hombre, caliente, como también que el lado derecho es más caliente que el izquierdo.
Por eso asociaba derecho con varón e izquierdo con hembra. Para él, el sexo del hijo dependía del lado en que se depositara el semen en el útero, creyendo que este tenía dos cavidades. Igual cosa pensaban Pitágoras, Demócrito, Empédocles y hasta el mismo padre de la medicina, Hipócrates, quien aconsejaba atar una cuerda al testículo derecho para estimular la producción de varones, o al izquierdo si lo que se deseaba era una hembra.

En este asunto de la preselección del sexo, también el folclor o intervención popular ha hecho acto de presencia. En la “oscura noche de la Edad Media” se recomendaba para concebir un varón que el marido, minutos antes de la relación sexual, se tomara un aperitivo a base de sangre de león, un vino de uva seca, o que comiera un plato preparado con testículos de diferentes animales. Los alquimistas medioevales aconsejaban además que el amor se consumara en una noche de luna.

Similares recomendaciones daba el doctor C. Wilbur Taber en su libro El secreto del sexo, aparecido en 1899. Conozcamos lo que recomendaba para tener un hijo varón: “Coloque a su esposa en posición cómoda, libre de toda tensión o ansiedad mental, y hágale pasos largos, desde la cabeza a los pies, sugiriéndole un sueño tranquilo (¡manes de Aristóteles!). Continúe tal sugestión hasta que ella se encuentre en actitud enteramente pasiva o caiga en un sueño ligero. Entonces coloque su mano sobre su frente y acaríciele el cabello... Háblele en tono suave, afirmándole que mediante el deseo es posible regular el sexo... Finalmente, dígale que el hijo que van a tener es un varón...”. En resumen, el consejo del doctor Taber es que hay que poner a la esposa a soñar con un varón y luego actuar, sin molestarla.

Como puede verse, la historia de la natural aspiración de poder tener un hijo del sexo deseado es, además de curiosa, larga y decepcionante. Científicamente, hoy, ese querer puede ser satisfecho, pero está rodeado de implicaciones de distinta índole, particularmente éticas, que lo hacen inviable. Es explicable que en pleno siglo XXI, las parejas tengan que seguir apelando a los métodos empíricos con la esperanza de alcanzar su anhelo. A propósito, no tendría nada de raro que uno de nuestros ilustres congresistas solicitara a la Corte Constitucional que lo declare un derecho fundamental amparado por el sistema de salud.

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