El imperio del erotismo

El imperio del erotismo

El erotismo ha ido del brazo con la liberación femenina. Es un signo de la época.

18 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

Es muy probable que mi opinión sobre un tema tan sensible como el que trataré en esta columna vaya a suscitar molestia en la cofradía de las feministas exaltadas. Pese a ello, lo haré, no sin antes presentarles excusas, advirtiéndoles que mi intención no es ofender a la mujer ni tampoco fastidiar al grupo de las defensoras de la libertad de género. Si se reflexiona desprevenidamente sobre el contenido de mi escrito, podrá advertirse que en realidad favorece la buena imagen que de la mujer debe tenerse en el contexto social.

Es evidente que en la sociedad actual hay tendencia a convertir a la mujer en un objeto erótico. La TV, el cine, las letras de las canciones, el baile, la poesía, el teatro, algunos programas radiales, todo, todo involucra el sexo, teniendo a la mujer como epicentro. No podrá negarse que la emancipación de esta ha sido un factor desencadenante. Desde mediados del siglo XX, liderada por Simone de Beauvoir (El segundo sexo) en Francia y Kate Millet en EE. UU. (Sexual Politics), comenzó a abrirse paso la liberación femenina con la invitación a las mujeres del mundo a tomar conciencia de sus propios problemas (familiares, laborales, sexuales, etc.) y darles solución según su conveniencia. El confinamiento en el hogar dejó de ser el destino inexorable de la mujer. ¡Justísima conquista!

El advenimiento de los anticonceptivos como control seguro de la natalidad puso piso fuerte a esa liberación, a tal punto que ha sido tenido como una verdadera revolución en las costumbres sexuales y sociales. El hecho de que las relaciones sexuales pudieran consumarse sin temor a un embarazo trajo consigo tranquilidad y armonía a la convivencia conyugal. A su vez, la mujer soltera comenzó a mantener sexo sin miedo al embarazo impertinente, lo cual ha sido ventajoso, pero también inconveniente, pues ha llevado a que la sexualidad se ejerza en forma por demás irresponsable, iniciándose desde el colegio. Por supuesto que tal comportamiento no es mal visto por algunos defensores de la libertad de género, partidarios también del llamado ‘libre desarrollo de la personalidad’. Uno de los efectos perniciosos de la liberación sexual femenina se ha constituido en un problema de salud pública: me refiero al embarazo en adolescentes, que ha tenido un aumento alarmante.

El erotismo ha ido del brazo con la liberación femenina. Es un signo de la época, aupado por los anticonceptivos y el viagra. La mujer, por naturaleza, utiliza recursos para mostrarse erótica, atractiva sexualmente. Cuentan que en el antiguo Egipto las mujeres –comenzando por Nefertitis y Cleopatra– embellecían su rostro con algún tipo de maquillaje para que los hombres se fijaran en ellas y las desearan. Tal costumbre hizo carrera, llegando a considerarse como un instinto natural y un derecho. El cambio de look, a veces llevado al extremo, está de moda. La máxima aspiración de muchas mujeres es llegar a emular a Natalia París, aun a riesgo de perder la vida durante el acto quirúrgico que las transforma. En tiempos no lejanos la mujer se contentaba con los productos cosméticos del farmacéutico empírico polaco Max Factor, quien hizo una fortuna complaciendo la vanidad de las madres y las abuelas de mi época.

Insisto, hoy se vive al vaivén del erotismo, pudiéndose decir que rige el ‘imperio del erotismo’. La mujer es su objeto, explotado de manera inmisericorde. Piénsese en los comerciales y algunos programas de la TV, en las revistas de sexo, en el internet (cibersexo), en las tiendas que se anuncian como sex-shop, en los paquetes para turistas, con adolescente incluida... No hay duda de que la diosa Eros es uno de los símbolos de la liberación femenina, dando mucho para pensar sobre su significado y alcances. Meditando sobre lo anterior, me pregunto: con ello, ¿la imagen de la mujer ha ganado o ha perdido?

Sal de la rutina

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