Los derechos de los animales

Los derechos de los animales

Sí, los seres calificados como irracionales tienen dignidad y tienen derechos.

01 de enero 2020 , 08:58 p.m.

Escribo hoy sobre un tema que recientemente preocupó a la honorable Corte Constitucional: ¿debe concedérsele o no el consagrado principio conocido como habeas corpus a un oso andino mantenido en cautiverio en un zoológico de Barranquilla? Por su parte, el honorable Congreso de la República también estuvo ocupado analizando un proyecto de ley que prohíbe la experimentación con animales. Se trata de dos asuntos relacionados con los derechos de los animales.

El bioeticista y filósofo utilitarista australiano Peter Singer, entusiasta defensor de los derechos de los animales, publicó en 1975 un libro titulado Liberación animal, de gran influencia en la discusión del tema. Para él, los derechos de los animales no pueden equipararse a los de los humanos. Su punto de vista se centra en el derecho que tiene todo animal sufriente a que se le tenga consideración. En otro de sus libros, Ética práctica, opina que no es condenable que se sacrifiquen animales para consumo humano, a condición de que su sacrificio sea indoloro. Como ello no siempre es posible, recomienda que los que tengan escrúpulos sigan dietas veganas. Él mismo se convirtió al vegetarianismo.

En la actualidad, la ética tradicional tiene un nuevo rostro y una nueva filosofía: la bioética, que del ámbito individual, antropocéntrico, pasó a ocuparse de la naturaleza toda, con la tesis de que si el hombre no pone freno a sus instintos depredadores, la especie humana estaría llamada a desaparecer del planeta Tierra. Por eso, la bioética se ocupa de todas las formas de vida: animal superior (Homo sapiens), animal inferior y vegetal, propiciando que sean respetadas por igual, dándoles para ello estatus de dignidad. Pareciera exagerado extrapolar este atributo –considerado patrimonio de la especie humana– a seres orgánicos tenidos como irracionales. Hoy, hasta los ríos tienen derechos. Pienso que sea un recurso estratégico para poder preservarlos como parte indispensable del ecosistema.

Sí, los seres calificados como irracionales tienen dignidad –que es un valor moral– y tienen derechos –que es un valor legal–, lo cual obliga a que se los trate con consideración y respeto. Ha llegado a tal punto esta nueva concepción de la ética que existen normas internacionales sobre el trato a los animales que se utilizan en la investigación científica (sapos, ratones, perros, conejos, micos, etc.). Los bioterios, o hábitat de laboratorios, deben llenar una exigente serie de requisitos para evitar daño y sufrimiento innecesarios. Los procedimientos que ocasionen dolor deben adelantarse bajo anestesia. La vivisección a palo seco es cosa del pasado.

En el 2007 fue muy sonado el escándalo que los medios le armaron al científico Manuel Elkin Patarroyo por el tráfico ilegal de micos de la especie Aotus nancymae utilizados para experimentación, y por el manejo desconsiderado que se les daba. Por eso, las autoridades exigieron al investigador dar un trato más ético a los animales.
Siempre he pensado en la posibilidad de que los animales tengan alma, o conciencia, como los humanos, en particular aquellos que han alcanzado un desarrollo cerebral considerable. De lo que no hay duda es de que poseen sentimientos y memoria. Científicamente debe aceptarse que una de las creaciones de la naturaleza, el descendiente del milenario uro, toro ibérico de raza salvaje, lleva en su sangre genes que lo impulsan a batirse con quien ose desafiarlo. Se trata del toro bravo, de lidia, que espera la oportunidad para demostrar su ancestral fiereza.

Si a los animales en general se les conceden derechos, y si algunos pudieran hablar, quizás los uros reclamarían el derecho a la autonomía, es decir, que no se les tuviera consideración y se les permitiera morir como lo imponen sus genes: peleando, mucho mejor si es en plan de mártires. Esta consideración la hago aprovechando la época navideña, que es cuando en Colombia se abre la temporada taurina, boicoteada por quienes defienden el derecho de los animales. Otrosí, es también cuando más animales comestibles se matan.

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