A propósito del aborto

A propósito del aborto

El embarazo indeseado, que es el que conduce al aborto, conlleva conflictos de distinto orden.

31 de octubre 2018 , 11:42 p.m.

Para quienes ejercemos la medicina, particularmente la especialidad ginecobstétrica, el embarazo indeseado, que es el que conduce al aborto, conlleva conflictos de distinto orden (médicos, legales, éticos, religiosos), que ningún otro profesional encara y la sociedad misma no tiene en cuenta o interpreta mal. Por esa razón somos los más autorizados para opinar al respecto.

Es explicable que antes de que la Corte Constitucional dictara en el 2006 la sentencia C-355, que despenalizó la práctica del aborto en tres circunstancias bien conocidas, la Academia Nacional de Medicina fuera consultada por tan alta instancia. Además de haber formado parte de la comisión encargada de dar respuesta a ese requerimiento, fui su relator.

De manera unánime avalamos los términos de la sentencia por considerar que, médica y éticamente, las tres circunstancias invocadas justificaban la práctica del aborto, ciñéndonos, eso sí, a la definición que de este registra el Diccionario terminológico de ciencias médicas (Salvat Editores): “Pérdida de la concepción antes de que el feto sea viable, es decir que el peso sea inferior a 500 g y el tiempo de gestación, inferior a 20 semanas completas (139 días contados a partir del primer día de la última menstruación)”.

Ahora, la Corte se ha pronunciado en el sentido de no fijarle límite de tiempo a la práctica del aborto, inducida por un caso que hubo de acudir a la tutela para ser resuelto, decisión que, como era de esperarse, ha suscitado ardorosa controversia a través de los medios, pues se le han dado al término ‘aborto’ connotaciones que no tiene.

Interrumpir el embarazo después de la semana 20 de la gestación no es un aborto, sino un parto inmaduro o prematuro, cuyas implicaciones técnicas, éticas y legales son diferentes de las que apareja aquel.

Precisamente, para los médicos es imposible atender la sentencia de un juez que, vía tutela, ordena que le sea practicado un aborto a una gestante con seis o siete meses de embarazo. De haberse utilizado, mejor, el término ‘interrupción del embarazo’, hubiera quedado claro el asunto, sin que ello significara que para el médico se hubieran suprimido los inconvenientes técnicos y éticos que le impedían practicarlo, aun estando presente una de las tres causales invocadas por la Corte en 2006: que el embarazo ponga en riesgo la vida de la madre (“aborto terapéutico”), que se acompañe de malformaciones fetales incompatibles con la vida extrauterina (“aborto piadoso”) y que sea producto de violación (“aborto por resarcimiento o reparación”).

Es válido que esta última causa tenga un condicionamiento distinto de las otras dos.

Aquí, la interrupción del embarazo debe ser solicitada siempre antes de la semana 20. No es infrecuente que la solicitud se haga bien avanzada la gestación, invocando como causal una violación, quedando fácilmente al descubierto que se trata de un fraude y se pretende asaltar la buena fe del médico.

En mi libro Catecismo de ética médica (Editorial Herder, Barcelona, 2000) traté a fondo el tema del aborto. Allí registré que, desde el punto de vista ético, no existe un terreno medio, neutral, que permita llegar a un acuerdo sobre la moralidad del aborto, provocado por cualquiera de sus múltiples causas. Es un problema jurídico, ético y sanitario creado por la sociedad y que ni el Estado ni la Iglesia han podido resolver.

El médico, infortunadamente, ha venido siendo utilizado como instrumento de solución, con todas las implicaciones que ello trae consigo. Para él, la práctica del aborto se constituye, quiéralo o no, en un conflicto de conciencia que debe resolver a la luz de sus principios éticos y de las normas que la sociedad y la profesión han establecido. Y, tratándose de interrupciones que van más allá de los límites del aborto, ha de obrar aceptando su permisividad tan solo por razones excepcionales, evidentemente justificadas.

FERNANDO SÁNCHEZ TORRES

Sal de la rutina

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