Volver a barajar

Como en un juego de rol, tendremos que enfrentar la vida con otras credenciales y otras destrezas.

30 de marzo 2020 , 07:45 p. m.

Algo tiene de emocionante lo que está sucediendo: el alto grado de incertidumbre, el reinado de lo imprevisible. Ya lo sé: estresa y angustia. Y podemos llegar a lanzar preguntas de este calibre: ¿De qué vamos a vivir si sobrevivimos? Y con frecuencia dan ganas de responderle a ese otro yo que pregunta desde el fondo de la zozobra con una frase inútil, tajante: “Ya veremos”.

Si se acaba la carne habrá que comer lentejas. Si se acaban las papas, quizás quede algo de arroz. Y más adelante tal vez comamos lo que seamos capaces de sembrar. O aquellos alimentos que recibamos a cambio de nuestro trabajo. ¿Quién lo sabe?

Es un hecho que algunas empresas morirán… seguramente no serán pocas. Y muchos que hasta hace un par de meses navegaban en la tranquilidad tendrán que renunciar a buena parte de sus privilegios. Y el dinero, escaso, quizás tenga que destinarse a los víveres antes que a los lujos. Probablemente haya que darle otra oportunidad a ese par de zapatos que estábamos a punto de tirar a la basura cuando comenzó esta crisis. Y tal vez nos den ganas de reír –por cuenta de nuestra propia estupidez– cuando abramos el cajón en el que guardamos la colección de relojes… O nos invada una profunda vergüenza.

Como en un juego de rol, tendremos que enfrentar la vida con otras credenciales y desarrollar otras destrezas.

Una refundación: a lo mejor eso es lo que va a ocurrir. Y tal vez la naturaleza se encargó de promoverlo para proponernos –o para exigirnos– que miremos la humanidad con otros ojos. Para volver a barajar y repartir un nuevo juego en el que probablemente quienes tenían el as deban conformarse con un simple cuatro.

O quizás para poner las cosas en su lugar: para que reinen quienes cultivan la tierra y quienes sanan las heridas, para descubrir las bondades del silencio, para llevar por fin esa vida que hemos soñado sin tantas ataduras sociales, para confirmar la inutilidad de las marquillas, para reconocer que al tener el privilegio de participar de la creación también tenemos la obligación de cuidar de lo creado.

Y para sabernos mortales, claro. Para que la idea de morir deje de asustarnos tanto como si fuera una maldición. Como si fuera un castigo. Como si solo murieran unos pocos… los sentenciados. Para que asumamos la muerte como parte esencial de la vida… como una misma cosa, a fin de cuentas.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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