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Terquedad fascinante

Terquedad fascinante

Qué tantos recuerdos quedarán en pie cuando el olvido se convierta en una inmensa telaraña.

05 de julio 2021 , 11:25 p. m.

Mientras corría sin rumbo definido, pensaba esta mañana que esa habilidad del cerebro para ordenarles a los músculos que aceleren el paso, que den un pequeño brinco o que se detengan de repente, según el trazado que se va revelando y los obstáculos que van apareciendo, es en realidad conmovedora. Como la capacidad de sostener un diálogo, la posibilidad de contemplar un atardecer o la destreza para analizar los diversos factores de un hecho y llegar a una conclusión. Y mientras más pensaba en los prodigios de la máquina humana, más me maravillaba.

Un par de kilómetros más adelante, un recuerdo de años lejanos que llegó por puro capricho y se instaló por un momento en algún lugar de mi cabeza –centenares de mariposas amarillas que revoloteaban bajo el cielo azul del Cesar– me llevó a pensar que la facultad de almacenar vivencias y recordarlas es probablemente la reina de las capacidades de esa máquina que somos.

Y es, sin duda, la terquedad uno de los atributos que hacen de la memoria uno de los procesos más fascinantes del cerebro humano. Terca, sí, e indomable, puede tomar cualquier momento del pasado y traerlo al presente: algunas veces con una fidelidad que sorprende y otras, con ligeros retoques que acercan los hechos al deseo más que a la realidad.

Admiro esa capacidad de los viejos para repetir versos que aprendieron en los años escolares, aunque hayan olvidado lo que comieron unas horas atrás. Los he visto viajar a los años felices de la infancia, relatar en detalle paseos que los llenaron de alegría, repetir estribillos que alguna vez entonaron en coro en las sesiones solemnes… franquear la barrera de los años y viajar al pasado en un instante. No importa que no recuerden el año en el que viven, los colores de la bandera de su patria o el nombre del gobernante de turno.

Me pregunto muchas veces qué tantos recuerdos quedarán en pie cuando el olvido se convierta en una inmensa telaraña. Y me pregunto, también, de qué manera se habrá ido modificando el cerebro desde que otras máquinas al servicio de la humana se encargan de almacenarlo casi todo y de traerlo de vuelta con un simple clic. No tengo la respuesta, por supuesto, pero sé que es ahí precisamente en donde la terquedad de la memoria cobra un valor inmenso y logra que los cerebros artificiales jamás logren equiparar al humano.

FERNANDO QUIROZ
En Twitter: @quirozfquiroz

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