Tasajera

Tasajera

En este corregimiento del Magdalena aparecen la desidia de las autoridades y el engaño de políticos.

19 de agosto 2019 , 09:52 p.m.

Muy cerca de Aracataca, la tierra de García Márquez, está uno de los puntos más emocionantes de la geografía del Caribe colombiano: la Ciénaga Grande de Santa Marta. De la fascinación de Gabo por esta laguna costera abundan las referencias en su obra, que revelan las bondades de la tierra que inspiró Macondo y el peso enorme que tuvo la ciénaga en el imaginario de los primeros pobladores de la región.

Cuando menciona en ‘Cien años de soledad’ los límites de la patria chica del coronel Aureliano Buendía, precisa que “al sur estaban los pantanos, cubiertos de una eterna nata vegetal, y el vasto universo de la ciénaga grande, que según testimonio de los gitanos carecía de límites”.

Es fascinante enfrentarse a la majestad de este lugar desde el puente de La Barra, cuando se viaja entre Santa Marta y Barranquilla. Allí se ve de qué manera se comunican las aguas del mar y de la ciénaga y se ve cómo empieza a dibujarse esa laguna enorme que con razón los gitanos creían infinita.

Comienza, al cruzar el puente, poco después de dejar atrás la población de Ciénaga, la isla de Salamanca, santuario de fauna y flora declarado parque nacional natural y considerado por la Unesco reserva de la biósfera. Allí van apareciendo ante los ojos del viajante imponentes playas desiertas, canales inspiradores y curiosos manglares.

Tristemente, también aparecen pronto –al cruzar el corregimiento de Tasajera, pueblo de pescadores– la desidia de las autoridades y el engaño de los políticos, que han prometido un bienestar que jamás ha llegado a la región. El espectáculo es deprimente: casas de cartón y de maderas torcidas, en las que se vive en hacinamiento y sin agua potable, decoradas con números de tarjetón y caras de políticos más grandes que las mismas ventanas. A sus pies, basureros malolientes. Unos a continuación de los otros. Como una misma cosa. Repugnantes.

* * * *

Más que absurdos e inconvenientes, realmente son peligrosos los límites de velocidad establecidos en la vía que comunica a Santa Marta con Barranquilla. En varios tramos se exige el tránsito a no más de 30 kilómetros por hora en plena troncal, y muchas veces se obliga a pasar en pocos metros de 80 a 30 kilómetros, lo cual exige peligrosas maniobras que fácilmente pueden ocasionar accidentes. La medida debería ser revisada a fondo por las autoridades de transporte.

FERNANDO QUIROZ
En Twitter: @quirozfquiroz

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.